HISTORIA DEL TORERO

JOSÉ LUIS VÁZQUEZ SILVA (Pepe Luis Vázquez) Hijo

Publicado el 14 de marzo de 2024
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Matador de toros nacido en Sevilla el 9 de junio de 1957. Tras terminar el Bachillerato, iniciar estudios agronómicos y cumplir su servicio militar, comienza su actividad en los ruedos durante la temporada de 1978. Su primer vestido de luces, que fuera utilizado en 1959 por su padre, lo ciñe el 21 de mayo en Alburquerque (Badajoz). Empezó interviniendo en corridas sin picadores, alcanzando éxitos destacables, como el logrado el 20 de agosto en Lloret de Mar (Gerona), donde le concedieron las dos orejas de su segundo astado, en presencia de sus compañeros de cartel, el espada Mariano Ramos y la rejoneadora Emi Zambrano.

El 13 de marzo de 1979 deja una magnífica impresión en Valencia y es obligado a dar una vuelta al anillo en cada uno de los astados de su lote, ambos del hierro del marqués de Domecq, cuando, en novillada postinera, competía con Juan Antonio Ruiz, Espartaco, y Francisco Ojeda. Pisa por primera vez el albero de la madrileña plaza de Las Ventas el siguiente 9 de septiembre, para alternar aceptablemente con Fernando Vera y Aguilar Granada en la lidia de un encierro de la divisa de Torrestrella. Cumplimentó treinta y cinco contratos este año y cuarenta y uno en el posterior de 1980, al estar muy de moda su nombre en los festejos menores, pero los resultados en múltiples ocasiones dejaban mucho que desear, lo que es fácil de ponerse se manifiesto al comprobar que en sus compromisos de este 1980 tan solo cortó un total de catorce orejas.

Recibe la Alternativa en Sevilla el 19 de abril de 1981, en el coso de la Real Maestranza, de manos de su tío Manuel Vázquez, con Curro Romero de testigo del ceremonial. Salieron por los chiqueros toros de la vacada de Juan Pedro Domecq, uno llamado Polvorón, el de la confirmación, negro, bragado y meano de pinta, llevaba en su piel el Número 57 y pesó 501 kilos. El que abrió plaza que pertenecía a la de Jandilla y el neófito no destacó en ocasión tan transcendental. La confirmación de su doctorado no se hace esperar al llevarse a efecto el posterior 23 de mayo, con su citado tío de padrino y Curró Vázquez de complemento de cartel, sin que el confirmado lograse agradar al público capitalino con un toro llamado Desesperado, herrado con el número 9 y de 482 kilos. Se lidiaron en esta coyuntura cuatro reses de la ganadería de Socorro Sánchez-Dalp y dos de la de Manuel González y el toro de esta cesión atendía por Polvorón.

Este su primer año de matador de toros actuó en catorce funciones, que no pasarían de cinco en 1982, con el agravante de no cortar en ellas orejas alguna. Se viste de luces en tan solo tres ocasiones en 1983 y parece resurgir de sus cenizas en 1984, en la que, pese a tan solo realizar cinco paseíllos, se apunta un par de triunfos sonados: el del 29 de julio en Huelva al reinaugurar, junto a Miguel Báez, Litri, y Curro Romero la vieja plaza de la Merced y llevarse tres orejas de bureles de la divisa de Jandilla, y el del 29 de septiembre en Sevilla, con corte de una oreja a cada uno de sus toros del mismo hierro últimamente citado, lo que presenciaron Tomás Rodríguez, Campuzano, y Espartaco. Estas actuaciones influyeron en que firmara veintitrés ajustes en 1985, que no pasaron de la docena en 1986, para descender a cuatro en 1987. Tampoco torea mucho en 1988, como ocurrirá en cada una de las temporadas siguientes. No es torero de extensas campañas. En este año hace cuatro paseíllos en el sevillano cosos de la Maestranza y su temporada ha sido dirigida por Manuel Morilla, en un intento de salir de una situación que puede volverse irreversible.

La segunda de las tardes, el 16 de abril, en la tercera de la feria, vestido de verde y oro, hace el paseíllo con José María Manzanares y Fernando Cepeda, que sería gravísimamente corneado, para matar un lote de Torrealta, muy aplaudido en el arrastre. Dio un disgusto a los aficionados sevillanos, y a los que vemos en él a un torero con unas cualidades excepcionales. Estuvo mal, sobre todo en el segundo de su lote, un toro noble con el que ni siquiera intentó disimular sus precauciones. Se muestra en la plaza tal como es en la vida, respetuoso y educado, pero eso no basta en el ruedo. No ha podido tapar el petardo del día 14, en su primera salida a los ruedos y primera tarde sevillana, en la que le han pitado en el primero y se han dividido las opiniones cuando ha doblado el segundo, ambos de don José Benítez Cubero. Torea después en Castro-Urdiales (Cantabria), Puerto Banús (Málaga), ya en agosto; Cazalla de la Sierra, el 12 de este mes, donde corta sus primeros trofeos, dos orejas de un astado de la divisa de Guadaira, y de nuevo Sevilla, el 15 de agosto, pero las palmas de su primero no son tampoco suficientes para borrar los pitos que le dedica la afición sevillana en el segundo, aunque en honor a la verdad el lote de los señores Hijos de don Bernardino Giménez Indarte ha sido muy malo.

Ha alternado con Roberto Domínguez y José Antonio Campuzano. Una corrida más torea antes de la cuarta y última de Sevilla, con la que pone punto final a la temporada. Es es Ayamonte (Huelva), el 8 de septiembre, y su faena a un ejemplar de los señores Herederos de don José Cebada Gago se le premia con una oreja. El 1 de octubre torea su primera corrida de 1988 en Sevilla. Nada pudo hacer con el tercero, el primero de su lote, un burel de Torrestrella, blando, que se quedaba muy corto. Sin embargo, en el sexto, en el que se le vio muy decidido, dio tres verónicas y media, con ese incomparable arte que tiene, que enloquecieron a la Maestranza. Sonó la música, y es que los relojes del tiempo taurino retrocedieron muchos años, llenándose en su camino de regreso de una infinita nostalgia. ¡Qué pena, Pepe Luis, que seas tan cicatero con tu arte! Luego el toro se paró y nada más pudo hacer. Tres verónicas y una media fue, quizá, el balance de la temporada de Pepe Luis. Poco en cantidad. Seguro que mucho más que la campaña completa de otros, por la excelsa calidad de sus lances infinitos. Pero en los despachos lo que cuentan son las orejas. El toreo de Pepe Luis es para gustos muy exquisitos y, naturalmente, su temporada de 1989 es aún más precaria en contratos.

Este año no figura en la feria sevillana. Su primer paseíllo, aunque es en la plaza de la Maestranza, lo hace el 25 de mayo, en la tradicional Corrida de la Prensa de Sevilla, festejo mixto en el que hará el paseíllo con José Luis Parada y el novillero Martín Pareja-Obregón. No puede matar ninguno de los dos astados del hierro de don Gabriel Rojas Fernández que hay encerrados en los chiqueros. Estudiante, que así se llama el primero de su lote, un negro mulato chorreado, con dos puñales en la frente, que aprieta hacia los adentros; cuando Pepe Luis intenta sacarlo hacia los terrenos de afuera le prende y hace carne en él. La cogida en principio no pareció grave, pero cuando don Ramón Vila facilita el preceptivo parte médico, este habla de una herida con orificio de entrada a nivel del tercio superior del muslo izquierdo, en su cara interna, que llega hasta la cavidad abdominal. No vuelve a vestir de luces hasta el día 13 de agosto, en Barcelona, reapareciendo con Lucio Sandín y los rejoneadores Antonio Correas y Luis Domecq, con un lote de don Antonio Pérez de San Fernando.

Torea después en Cazalla de la Sierra, Tarifa y Oviedo, ciudad en la que después de diez años se vuelve a celebrar un festejo taurino. Finaliza esta temporada que tan mal empezó para este torero en la misma plaza de Sevilla, el 1 de octubre, alternando con Manolo Cortés y Emilio Oliva para estoquear dos toros de los señores Herederos de don Bernardino Piriz Carvallo. Silencio y pitos fue el balance de una actuación en la que solamente se pueden destacar dos lances por el pitón izquierdo llenos de buen gusto al primero de su lote. Ha sumado, con esta, seis corridas de toros. La temporada de 1990 solamente se viste de luces en dos ocasiones. La primera en Sevilla, el 26 de abril, con José Luis Parada y Fernando Cepeda de compañeros y un lote con dificultades de los señores Herederos de don Carlos Núñez. <<Tarde larga, larguísima, plumea y Deslucida >>, dice Vicente Zabala en ABC, y el chiquillo del maestro o el niño de Pepe Luis, que así conocen en Sevilla a Vázquez Silva, no le da la oportunidad de <<escribir gloria bendita de él>>. La segunda y última de la temporada es en Madrid, el 5 de junio, en la última corrida del abono de San Isidro, con José Luis Parada y Curro Vázquez, matando dos astados del señor Marqués de Albayda. El primero de su lote fue para el torero, fue muy noble y Pepe Luis se estiró en su par de verónicas con el sello inconfundible de quien apenas pude ver torear en sus últimas temporadas.

El comienzo de la temporada de 1991 no puede ser más desalentador. El 24 de marzo hace el primer paseíllo en Madrid, en un día climatológicamente infernal. En tal el vendaval que hace en Madrid, y más concretamente en la zona de Las Ventas –que por algo se llamaba antiguamente Cerro de los Aires, cuando aún no existía el coso–, que lo razonable hubiese sido suspender el festejo del Domingo de Ramos. Alternó con Frascuelo y Pepín Jiménez, y, como era de esperar, el viento, enemigo del torero, impidió que los tres espadas lucieran su arte con un lote de los antiguos Aleas, que ahora se lidian con el nombre de don José Vázquez Fernández, y eso que los dos de Pepe Luis fueron los más nobles de los seis. Pero antes de esta primera salida a los ruedos, en los primeros días de enero, en un fenomenal reportaje de Fernando Carrasco publicado en el ABC de Sevilla de 13 de enero Pepe Luis anuncia que matará la corrida de Miura en Sevilla. Su nombre aparecerá en dos carteles de la feria de Sevilla. El día 8 de abril, con José Luis Parada y Fernando Lozano y toros del portugués don Juan Antonio Romäo de Moura, tarde en la que dejó ver esos detalles de escuela, pero al menos al primero le debió cortar la oreja. Su segunda tarde es la de los Miuras, el 21 de abril, vestido de verde y oro y con Ruiz Miguel y Manili de compañeros.

Fue tarde de Sustos, como tantas, de los que no se libraron Ruiz Miguel y el banderillero Luis Taviel de Andrede. Pepe Luis fue muy ovacionado en el primero, y aunque se le pitó en el sexto, no se dejó ningún miura vivo, como los malintencionados venían propagando que iba a suceder desde hacía algunos días. No sé si realmente era una necesidad imperiosa en su carrera la de enfrentarse en Sevilla a los toros de Zahariche, él ha dado ya su versión, pero lo que es indudable es que se trata de un gesto. Primero porque son miuras. Segundo por matarlos en plaza de tanta responsabilidad. Tercero por no estar este torero con pocas corridas cada año, en las mismas condiciones que otros compañeros. El propio torero al día siguiente reconoce que <<el quite a pies juntos fue en honor a mi padre>>. No vuelve a vestir de luces hasta el 21 de julio en Madrid, con Curro Romero y Curro Vázquez de compañeros. Se le pitó en el primero, un toro muy soso de la divisa portuguesa de don Juan Antonio Romäo de Moura, pero en el sexto, con el hierro de don José Benítez Cubero, empezó francamente bien su faena. La muleta plana, con unos preciosos pases con la mano derecha, hasta tres series dio, pero pronto se diluyó en detalles, estéticos detalles, que dejaron el premio en una ovación. Su quinta salida a los ruedos es en El Puerto de Santa María, el 27 de este mes, y después Motril, el 10 de agosto, donde corta una oreja a un astado de Gavira; Tolosa, otra vez Sevilla, el 14 de agosto, en corrida nocturna en la que tres toros por cogida de Pepín Jiménez, y punto final en Algete, el 14 de septiembre.

Poquísimo torea en 1992. Tres corridas únicamente y con un resultado muy pobre. Dos tardes en la Maestranza. Una, en la cuarta de la feria, con toros de los señores Herederos de don Carlos Núñez y José Luis Parada y Espartaco Chico de compañeros, y aunque se le pitó al final de la faena al primero de su lote, dibujó el toreo de capa. Vuelve a la Maestranza el 3 de mayo para matar por segunda vez la corrida de don Eduardo Miura Fernández, de nuevo con Francisco Ruiz Miguel y Manili de compañeros, en una tarde en la que pesa como una losa la muerte, el día 1, del banderillero Manolo Montoliú. La corrida, dice Ruiz Miguel, que tan bien conoce a los toros de Zahariche, ha salido en Miura, y el sexto de la tarde, el segundo de Pepe Luis, vuelve vivo a los corrales por el mal manejo del descabello del sevillano. En Madrid toreó su tercer y último festejo del año, cuando agoniza la temporada, el 12 de octubre, alternando con Roberto Domínguez, que decía adiós a los ruedos, y Óscar Higares, que tomaba la alternativa. Silencio y bronca fue el resultado de su paso en 1992 por Madrid. El balance de la temporada de 1993 es muy poco positivo. Unicamente cuatro corridas, dos en Sevilla, donde se le pita en tres toros y se silencia su actuación en el restante. Una tarde en Madrid, con pitos en un toro y silencio en el otro, y otra en Pontevedra, donde su labor también se silencia en ambos. No remonta su carrera Pepe Luis y en 1994 vuelve a torear cuatro corridas de toros, tres en Sevilla y una en Pamplona, y después de acabar con sus ocho toros siempre se silencia su actuación, y cuando no es así, una vez nada más, se le pita.

Su carrera se ha definido por una fidelidad a sí mismo, a su forma de interpretar el toreo. <<Nunca, lo dice él, he traicionado mi concepción del toreo, a pesar de que la mayoría de las veces me han salido toros a contra estilo. Por otra parte, yo no sé mentir, y no sé hacer otra cosa delante de la cara del toro. Yo lo que no puedo es hilvanar una faena a un toro apagado. Esto, quizá, me ha perjudicado a lo largo de estos años, pero no siempre tienes la esperanza de que te salga ese toro al que le puedas dar esos quince o veinte muletazos que dejen satisfecho, a uno y al aficionado>>. Lo ha conseguido en Sevilla y también en Madrid, pero el mismo José Luis reconoce: <<Sí, pero luego me ha faltado regularidad para mantenerlo>>. En 1995 se le anota una sola salida a los ruedos, en la Feria de San Isidro de Madrid. En los manifiestos altibajos de este diestro influye, sin duda, aquello que el propio interesado indicara en una entrevista que le dedicó José Luis Benlloch para el semanario Aplausos de que <<Yo tampoco estuve reondo con la espá>>. En efecto, las deficiencias de este nuevo Pepe Luis fueron reiteradamente manifiestas y si a ello se une un carácter un tanto apático se comprende con mayor facilidad los desniveles evidentes de sus actuaciones. Su incursión en los ruedos es posteriormente muy irregular. En 1999 suma tres paseíllos, uno de ellos en La Maestranza, el 15 de agosto, tarde en la que no obtiene grandes resultados. En el 2000 actúa en cuatro ocasiones, tres de ellos en Sevilla. Su labor en los tres compromisos fue de silencio en sus seis astados. Aun así, vuelve a anunciarse para la Feria de abril con una corrida de El Ventorrillo al año siguiente, sin que su labor fuera tampoco destacada. Vuelve a pisar el ruedo maestrante el 9 de abril de 2002 con una corrida de Gavira, sin conseguir grandes resultados. Participó en un festival en Las ventas el 9 de marzo, en el que se rendía homenaje a Manuel Vidrié. Junto a él hicieron el paseíllo Ruiz Miguel, Curro Vázquez y Julio Aparicio. Su labor fue silenciada. Más tarde, deja de anunciarse en corridas de toros y <<<mata el gusanillo>> participando en varios festivales.

¿Ustedes Creen que si no hubiera sido hijo del gran Maestro Pepe Luis Vázquez Garcés, uviera sido Torero?

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