HISTORIA DEL TORERO

JOSÉ MANUEL CALVO BONICHÓN (Manolo Montoliú)

Publicado el 16 de junio de 2022
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Matador de toros y después banderillero, natutal de Valencia, donde vio la luz el 5 de enero de 1954, hijo del notable picador Manuel.
Su primera actuación en público
: en Benicasim en 1970, estoquea un becerro tras vencer la firme oposición familiar. Debut con caballos: en San Felíu de Guixols, el 29 de julio de 1973, alternando con Manuel Vidrié y el novillero José Martín, que lidiaron un encierro de María Antonia Laa de Sánchez. Última novillada picada como matador: en Valencia, el 21 de Julio de 1979, alternando con El Mangui y Mario Triana, que lidiaron novillos de Daniel Ruiz. Sin estar mal, no alcanza el éxito que precisaba para seguir luchando y tras alguna actuación esporádica en festejos menores de la sierra de Cuenca y Teruel, la temporada siguiente acepta un ofrecimiento de El Soro y decide pasar al escalafón de los de plata, donde alcanzó la enorme dimensión artística que todos conocen. En total estoqueó 26 novilladas con picadores. Debut como banderillero: en la plaza francesa de Pomarez, el 2 de marzo de 1980, tarde en la que resultaría herido El Soro. Su debut como banderillero de toros tuvo lugar en Valencia, a las órdenes de Guillermo Ciscar Chavalo, que alternaba con Curro Romero y José María Dols Manzanares, en la lidia de un encierro de Gabriel Rojas, el 17 de marzo de 1981. Temporadas del 80 al 83: cuatro temporadas seguidas a las órdenes de El Soro. Alternativa: el 2 de marzo de 1986 en Castellón, primera corrida de la Feria de La Magdalena, vestido de gris plomo y oro toma la alternativa de manos de Julio Robles y en presencia de Juan A. Ruiz “Espartaco” al cederle el maestro Julio Robles la muerte de “Correcostas”, número 57, negro zaino y de 471 kl. de peso de Socorro González Sánchez-Dalp. Confirmación: El 11 de mayo de 1986, siendo padrino Emilio Muñoz y testigo Pepín Jiménez. Toros de la ganadería de Samuel Flores. El toro de la confirmación se llamó “Garrafero” Nº 45, negro con 480 kilos. Vistió de gris perla y oro. Temporada 1986: al anunciar Paco Ojeda su retirada temporal, ingresa en la cuadrilla de Antoñete, junto a Martín Recio, con el que forma la pareja de banderilleros más espectacular de los últimos años. Actúa por libre a las órdenes de numerosos matadores como Julio RoblesJosé María Dols Manzanares, Espía y Raúl Aranda. El 1 de mayo de 1992, hoy se cumplen 30 años, murió en la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla el torero Manolo Montoliú al banderillear al primer toro de la tarde, de nombre Cubatisto, de la ganadería de Atanasio Fernández. El percance se produjo alrededor de las 18.40. En el momento de ejecutar la suerte, el toro hundió el pitón en un costado del torero, y seguidamente, sin que hubiera llegado a caer al suelo, le estuvo pegando cornadas en el abdomen, el pecho y las axilas. Cuando el toro dejó de cornear y acudió al quite que hacían los diestros y sus cuadrillas, Montoliú cayó al suelo sangrando copiosamente por las heridas y por la boca. El toro le había partido el corazón y los pulmones. Sus compañeros se lo llevaron a la enfermería, y en el ruedo quedó un gran charco de sangre. El infortunado torero llegó al quirófano desangrado y prácticamente muerto”. El toro estaba marcado con el número 27, era negro y pesaba 598 kilos. “Se trataba de un animal grande, cuajado y serio, de pitones no muy desarrollados, pero vueltos, que blandeó mucho en los primeros capotazos”, contaba Vidal. “A pesar de esta evidente deficiencia física, derribó con facilidad al caballo del picador dos veces, y quedó reservón, sin apenas embestida, perdiendo las manos con frecuencia. Cambiado el tercio, entró a banderillear Montoliú. Lo hizo a su estilo, planteando la suerte en corto, con templanza y ganando la cara por el pitón derecho, que era el de su preferencia. Reunió en la cara, con mucha verdad, y prendió en lo alto los palos, momento en que el toro, que no se había arrancado al cite -pues desarrollaba sentido y estaba a la defensiva- le hundió el pitón”. Eran las siete menos cuarto de la tarde. Diez minutos después ya se sabía que había muerto, escribía al día siguiente Juan Méndez. Jesús Loscertales, catedrático de cirugía, adelantó la noticia. Salió de la enfermería, adonde llegó para ofrecer sus servicios, con el rostro marcado por la desgracia. “Ha muerto, tiene el corazón partido en dos. No se puede hacer nada”, dijo. La noticia se hizo oficial cuando pasaban cinco minutos de las siete de la tarde. “Desgraciadamente, Montoliú ha muerto”. Ramón Vila inició así la lectura del parte facultativo que decía lo siguiente: “Herida inciso contusa por asta de toro en base y cara externa del hemitórax derecho, que rompe el diafragma, desgarra arterias suprahepáticas, rompe la base del pulmón derecho y cara superior del pericardio, atravesando ventrículo derecho y aurícula izquierda, rompiendo lóbulo superior del pulmón izquierdo, llegando hasta la base izquierda del cuello. Ingresa sin pulso, sin reflejos, y sin respiración espontánea. Se procede a toraxcotomía, intubación y maniobra de resucitación, sin que se pueda lograr en ningún momento la misma”. Vila comentó que el torero llegó casi sin sangre a la enfermería. “No llegó a reaccionar, estaba desangrado, sólo le quedaba un resto en las venas”.

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