HISTORIA DEL TORERO

SEBASTIÁN TURZACK CASTELLA (Sebastián Castella)

Publicado el 28 de febrero de 2024
Abel Murillo Adame logo

Matador de toros. Viene al mundo el 31 de enero de 1983 en la ciudad francesa de Béziers. Su bisabuelo paterno era de la provincia de Valencia, y su padre tiene ascendencia polaca. Los escasos antecedentes taurinos con que cuenta su familia proceden de su padre, que toreó en capeas y alguna que otra novillada sin caballos; aunque ya estaba retirado cuando nació Sebastián y no puede decirse que influyera en su afición, pese a que solía llevarlo cada 15 de agosto al caso bézierois. /Precisamente, a la salida de una de estas corridas –tendría el chiquillo unos doce años– confesó a su progenitor su deseo de ser torero y este le inscribió en la escuela taurina de la localidad, donde Claudio Naquer, banderillero que la dirigía, le enseñó a coger los trastos. A partir de ahí comienza el duro aprendizaje de las capeas; a templar el ánimo ante las veletas astas de las vacas camarguesas, a defenderse de sus broncos derrotes y su astuto sentido. El 30 de marzo de 1997 estoquea en Aignan su primer becerro en público. Y más tarde, en una fiesta campera en casa de Robert Margé, consigue que el empresario taurino se fije en él. Margé lo prueba, y cuando comprende que su afición va en serio decide ayudarle y lo manda a Sevilla, en cuyo campo bravo se ajercita.

Un buen día quiso la suerte que le llamaran para sustituir a un novillero en el festival que iba a celebrarse el 27 de septiembre de ese año en Mandouel, localidad cercana a Nimes, y cuyo cartel encabezaba quien habría de convertirse en su maestro y más tarde en su iseparable apoderado: José Antonio Campuzano. Este día cambiaría la vida de Castella. Pues tras mostrar sus posibilidades ante el gordo novillo que le tocó en fortuna, Campuzano, de acuerdo con Margé, decide tomar las riendas de su formación taurina y llevárselo a vivir a su casa como un hijo más. En ella encontraría Sebastián el calor de hogar que nunca tuvo antes. Tal vez fueran los cristales rayados de su infancia, el clima de desavenencias en que acostumbraban a instalarse sus mayores, quienes le llevaran a alzar un muro de silencio y lejanía tras el que protegerse de su entorno; los que le invitaran a poblar su inclemente existencia con un riquísimo mundo interior donde mantener los sueños a salvo de las dentelladas de la vida. No tiene amigos en el colegio y tampoco le gusta comunicarse con la gente. Es retraído, introvertido, callado… Casi sin darse cuenta, Sebastián va convirtiendo la soledad en su más fiel e inseparable compañera. De ella hará su castillo, su escuela, su alacena y su barro alfarero: castillo, donde hallará defensa y protección contra un mundo que le enseñó lo amargo demasiado temprano; escuela, en la que aprenderá a tirar de sí mismo sin ayuda de nadie, sin esperar más logros que los que por sí mismo pudiera conseguir; alacena, en donde alimentar sueños y fantasías, y barro, con el que su voluntad comenzará a modelar una personalidad heroica.

De la soledad extraerá su fuerza y esa interpretación trágica de la vida que agigantará su desnuda individualidad, el cofre en el que ocultará cualquier dolor como su más preciada pertenencia, y esa costra de helado escepticismo que le hace aparecer lejano a todos y a todo, incluso al peligro de los toros cuando se está jugando la vida entre las astas. Solo, sin haber cumplido aún dieciséis años, se marcha a México, donde el 17 de enero de 1999 hará en Acapulco su primer paseíllo con caballos. Los novillos son de Cerro Viejo, y sus compañeros de terna: Javier Gutiérrez, Jorge González e Israel Téllez. Otra novillada en Acapulco y dos más en Aguascalientes componen su breve periodo azteca, sin que estas le sirvan para mejorar su concepto del toro mexicano, al que por aquellas calendas considera <<falso>>, dado lo cambiante de su comportamiento. Sin embargo, el destino querrá contradecirle y será un utrero de Real de Saltillo, de nombre Apasionado –negro de capa y 471 kilos de peso– el que, según confesión propia, le propiciará realizar la mejor faena de su vida novilleril. Ocurría la efeméride el 14 de mayo del año 2000, en la Plaza México, durante la que fuera final mexicana del encuentro Mundial de Novilleros. Para el astado hubo petición de indulto y para el torero la posibilidad de haber cortado el rabo, frustrada por un intento de estocada recibiendo que atravesó a la res y varios desaciertos con el verduguillo. Pese a Tal contratiempo, aún se llevó una oreja y lo sacaron a hombros.

in embargo, entre esta corrida y aquella de Acapulco había ocurrido muchas cosas. Su debut con caballos en Europa había tenido lugar en la francesa Aire Sur L’ Adour, el 1 de mayo de 1999, junto a la rejoneadora María Sara y los novilleros Juan Bautista y El Fandi, Tarde en la que corta oreja a cada uno de sus novillos de Yerbabuena. Paseíllo al que seguirá, ocho días más tarde, el primero en tal categoría en España, realizado –salmón y oro– nada menos que en la Real Maestranza de Sevilla, cuyo anillo recorrerá en premio a su labor ante el Juampedro y colorao Hapero. Trece nuvilladas más en España y diez en Francia componen una temporada que finiquitará en Cali el 26 de diciembre, con un balance de 37 orejas amén del rabo cortado simbólicamente al único novillo que indultó en su vida. Ocurría el hecho en la abulense Navaluenga, el 10 de septiembre. El astado llevaba el pial de Pedro Y Verónica Gutiérrez Lorenzo. El éxito que lo convierte en centro de atención de los medios de comunicación especializados y del taurinismo en general ocurre en febrero del 2000 al proclamarse triunfador del III Encuentro Mundial de Novilleros, celebrado en el coso easonense de Illumbe. Dos orejas en su primera tarde, otra en la segunda y tres a cambio de una cornada en el antebrazo derecho, en la final celebrada el 4 de marzo, airean su nombre a los cuatro vientos como una revelación y le abren las puertas de los principales cosos de España y Francia; incluso le vale para firmar una corrida de toros en la Semana Grande de San Sebastián, pues ya tiene proyectado tomar la alternativa.

Sin embargo, su paso por Valencia y Castellón y, sobre todo, sus tres comparecencias en Las Ventas –donde se presentó, grana y oro, el 30 de abril con el castaño chorreado Saltador, de Peñajara–, defraudan en gran parte sus expectativas. Unas veces por la espada, otras por los novillos, y todas porque parece estar en otro sitio, aquella frescura de ideas que venía atesorando se diluye tarde a tarde y su escalofriante frialdad cede el sitio a una apatía que a nadie contenta. Dentro de este bache, solo su actuación de Sevilla, donde vuelve por sus fueros cortándole la oreja al Torrestrella Lengua Brava, y la ya referida apoteosis de México, abren de nuevo la espita de la esperanza. El 10 de junio es herido en el escroto en Nimes, lo que no le impide cuajar, siete días después en la feria de Granada, una de sus mejores actuaciones de la temporada, que, poco a poco, parece remontar. Corta oreja en Pamplona, suma un éxito importante en Fréjus y así llega a su penúltima novillada, el 30 de julio en Hagetmau, donde de nuevo sufre una cornada del pedrajas al que corta la oreja. Tampoco este percance le impide despedirse de novillero en la fecha prevista –8 de agosto–, pese a lo fresca de la herida y a que ha querido hacerlo con todo boato encerrándose en solitario para estoquear seis novillos de Juan Pedro Domecq. La despedida tiene por marco el coso de Châteaurenard y, aunque la tarde se le pone cuesta arriba, consigue solventarla cortando oreja al quinto y, tras aviso, al noble sexto, premiado con la vuelta al ruedo. Cuatro días más tarde, en su ciudad natal, consigue realizar el sueño de su vida: investirse matador de toros. El cartel, que cuelga el <<No hay billetes>>, es de auténtico Lujo, Pues de padrino lleva a Enrique Ponce, y de testigo a José Tomás, quien le acompañará en su salida a hombros después de que Castella –rosa pálido y oro– cortara una oreja al Juampedro de la ceremonia –Diligencia, número 61, negro y con 519 kilos– y otra al boyante Fantasma, que hizo sexto.

Cuarenta y ocho horas después volvería a cruzar el ruedo de Béziers para sumar su tercera oreja ferial. Con diez actuaciones cierra su primera campaña europea en la nueva categoría sin que las cosas acaben de rodar, aunque la abroche con un éxito de tres oreja en Cascante que le vale ser distinguido con el premio que le otorga su peso en vino. Antes, su paso por la Semana Grande de San Sebastián –primera corrida de toros en España— ha ahondado si cabe su cada vez más palpable declive. Incluso en las tardes que vence, no convence. Se le ve mustio, triste, como si la ilusión de torear se le hubiese extraviado por algún recodo de la vida. Y así continúa durante el 2001, año en el que no actúa en ninguna plaza española de importancia, salvo la tarde de su presentación como matador de alternativa en Sevilla, en otra actuación que se salda en escala de grises. Tampoco su confirmación en México, el 18 de febrero, apadrinado por el azteca Rafael Ortega, que, en presencia de El Tato, le cede la muerte de Buñuelo, de Santa Fe del Campo, se salda con éxito. Las circunstancias parecen abocarlo a ser otro torero de Francia para Francia –en cuyos ruedos sí obtiene triunfos; a destacar el de Bayona, donde vuelve a disfrutar del toreo cortándole las dos orejas al bravinoble Botella, de San Martín–, sin que del interés que despertara en otro tiempo por el resto del orbe taurino quede la más humilde candileja. Como suele ocurrir en el planeta de los toros, los mentideros taurinos se apresuran a decretar su defunción; quienes le niegan todo sostienen que lo del Encuentro Mundial fue un espejismo; los más benévolos afirman que no ha superado el paso del novillo al toro y hay que darle tiempo. Sin embargo, aunque esto último pueda influir, unos y otros olvidan que bajo el vestido de alamares palpita siempre un corazón humano; un corazón que, en este caso, por más que se oculte tras una máscara de hielo, siente y padece; un corazón que ha encontrado en unos ojos dulces el resarcimiento de todo el desamparo, de todo el desamor, que archivan sus recuerdos; un corazón vacío que, de pronto se puebla de sonrisas, de caricias, de afecto… a los que no quiere ni puede renunciar.

Y de nuevo se repite la historia, y el hombre y el torero entablan un litigio que los desequilibra. Y el amor se transforma en un fuego que acapara y consume, y el fuego en un dolor, y el dolor en angustia, en esa angustia existencial que el tener que elegir crea en el ser humano; porque Sebastián llega a la lacerante conclusión de que no puede con tanta carga a cuesta y debe decidir con cuál se queda. Y de nuevo, ante la encrucijada, vuelve a sentir a su lado la presencia de la soledad: la amiga que sabe más de él que todas las personas y que todos los toros; la que nunca le miente; la que en ese trance le susurra que está condenado a elegir porque, por condición humana, está a su vez condenado a ser libre. No hay escapatoria. El silencio cede por una vez el sitio a la palabra, y los enamorados deciden dejar que el amor se extinga y quede embalsamado en la ternura de un cálido recuerdo. Y para que la hoguera se haga pronto cenizas, Castella se marcha con su soledad a otro paisaje donde la lejanía le aleje de la ausencia. Deja el hogar de la familia Campuzano –aunque las relaciones afectivo-profesionales con su apoderado continúen tan firmes como siempre–, se instala por su cuenta y emprende el camino que le devuelva la vocación perdida. Volver por sus fueros no es una empresa fácil, exige sacrificios y paciencia, pues tampoco es cosa que se logre en dos días. A Castella le cuesta todo el año 2002, campaña que cierra con 24 paseíllos –5 en América–, de los que solo en cinco pisa arena española. Sin embargos, en Francia da algunos toques de atención que causan sorpresa y esperanza. Así en la feria pascual de Arles donde, si bien no acaba de estar a la altura de la calidad de su primer Valdefresno, del que solo obtiene un apéndice, da una gran dimensión de torero valiente ante la <<guasa>> y sentido del segundo de su lote, al que, tras jugarse limpiamente la vida, corta dos orejas de pesó.

También en Nimes, donde encandila a la parroquia al cuajar dos buenos astados de Juan Pedro. Triunfo de dos orejas que pudieron ser cuatro si la espada no le juega una mala pasada en el que mejor torea. Otras actuaciones importantes fueron el mano a mano con Ferrera en Béziers y la tarde de Mout de Marzán, donde compartió salida a hombros con Fernández Meca y El Juli; pero la mejor faena de la temporada la firmó en Bayona ante el Jandilla Tribunal, un toro que le dio mucho sitio. Metido en tal proceso de reencuentro, su ambición de un triunfo cuya continuidad se revela indispensable para sobrevivir, le hace incurrir en el error de buscar demasiado pronto la cercanía de las astas en menoscabo del toreo largo y templado que practicaba en su primera etapa de novillero; no obstante, lo verdaderamente notorio es que el torero ha emprendido el viaje de la recuperación sin posible retorno. El frío invernizo sorprende el cambio de mentor: Robert Margé, que hasta entonces había venido compartiendo apoderamiento con el torero de Gerena, cede su puesto a Luis Álvarez, quien, junto a Campuzano, continúa desde entonces dirigiendo la carrera del diestro. La nueva relación no comienza lo que se dice con buen pie, pues en su primera actuación en la feria de Cali un marrajo de Mondoñedo se le va vivo a los corrales. Así –31 de diciembre– daba término un año de transición al que iba a suceder el inicio de una floreciente etapa en la que Castella comenzaría a dejar de ser el <<torero local>> de los franceses para convertirse en la encarnación del <<primer diestro francés que logra…>>, muletilla que no dejaría de repetirse desde entonces.

Por ejemplo –¡quien iba a decirlo dos días antes!–, es el primer torero galo que consigue el trofeo Señor de los Cristales al triunfador de la feria caleña. Le bastó un toro de Puerta de Hierro, al que cortó las orejas tras realizar la mejor faena del ciclo, para que se olvidara el borrón del mondoñedo y se hiciera acreedor a tan importante premio. Y tras proclamase triunfador de la feria de Duitama, parchea con su nombre el de César Jiménez en Manizales, donde protagoniza una tarde cumbre de tres orejas que le dejan a las puertas de llevarse un trofeo que conseguirá el año siguiente. De vuelta a España, el cónclave que forma con sus apoderados en torno a los vídeos de sus actuaciones, las posibles soluciones puestas en práctica en los tentaderos y, sobre todo, su mente, otra vez en perfecto estado de revista y con la totalidad de sus células grises orientadas hacia el imán del toreo, van poniendo el cimiento sobre el que se habrá de levantar un torero notable. Consecuencia de ello es que donde antes había prisas ahora aparece el temple; donde antes espesura, ahora claridad. Su espada se vuelve más certera y su toreo se alarga, se reposa, y al llevar a los toros una mayor distancia en pos de los engaños con la mano muy baja, gana en profundidad. En Francia, donde sus éxitos se consolidan y adquieren mayor rotundidad, es de resaltar el que le lleva a cruzar en hombros la Puerta de los Cónsules de Nimes con tres orejas, dos de las cuales las obtiene del bravo Torrealta Solear, y aunque en España continúa sin ir a ferias importantes, ello obedece a distinto motivo que en pasadas campañas, pues si ahora no va es porque lo que le ofrecen no cumple las condiciones mínimas que consideran sus apoderados. No obstante, se presenta en Córdoba, en Bilbao –para matar una de Victorino— y en Barcelona, donde corta una oreja de ley, y suma hasta 16 paseíllos en nuestro suelo, a destacar la tarde de la corrida de Beneficencia en Santander, en la que golpea con fuerza la aldaba del toreo, tras conseguir tres orejas y formar un alboroto al toro Divino, de Martín Lorca.

Al término de su campaña europea –abrochada con éxito en la murciana Torre Pacheco, donde se lleva tres orejas, y el rabo del Torrestrella, Cabrito–, contabiliza 35 corridas en las que obtiene 62 orejas y dos rabos. El momento de atacar ha llegado. Granada, Francia, Castella desembarca toda su artillería al otro lado del Atlántico para alzarse conquistador de Sudamérica en una histórica campaña que se extiende a lo largo del invierno 2003-2004. Bajo su invicto pabellón aúna los tres trofeos más importantes de la América taurina: el del Señor de los Cristales, de Cali, ganado por segundo año consecutivo, tras arrollar con su valor y temple a los demás diestros actuantes en una <<carga>> espectacular que le lleva a obtener nueve orejas y a sentar el precedente de ser el primer diestro que torea cinco tardes en la feria caleña; el Escapulario de Oro del Señor de los Milagros, de la feria de Lima, el de más alcurnia de cuantos concede Hispanoamérica, y la Catedral de Oro al triunfador de la feria del Café, de Manizales, que a punto estuvo de conseguir el año anterior. Obtener este último galardón cobra mérito por haberlo conseguido con los puntos todavía frescos de la cornada sufrida seis días antes en Cartagena de Indias, donde se dio la insólita circunstancia de que Nevadizo, el burel de Rocha Hermanos que lo hirió, le pegó otra cornada a su apoderado José Antonio Campuzano cuando intentaba hacerle el quite; caso sin precedentes en la historia del toreo. Sería este el primero de los cuatro percances que sufriría Castella en 2004. El segundo vendría en el último toro de su feria de San Isidro; un Samuel cornalón con el que el torero se jugó la vida para salvar con honra una feria a contra estilo que le vio confirmar alternativa cinco días antes –28 de mayo– con el mansinoble Marquesino, número 65, de 520 kilos, negro de capa y con el pial de Valdefresno, cedido por Ponce en presencia de Matías Tejela.

El tercero ocurriría el 10 de agosto en San Sebastián: cornada grave en el muslo derecho, y el último, en Sevilla, donde se le reprodujo una antigua lesión de menisco. En la citada temporada torearía 56 corridas –de ellas 14 en América–, que engrosan en su cuenta de trofeos 68 orejas. De su incursión por la geografía española, donde jalona 29 paseíllos, consigue un claro avance por ciertas regiones del Norte, aunque las plazas de Sevilla y Madrid siguen inexpugnables; lo mismo que el Sur, donde, entre que actúa poco y que la suerte se le muestra esquiva, no alcanza a calentar el sol de su toreo. No obstante, la progresión es clara, y así lo refleja la doble historia que viene desarrollándose por vías paralelas para conjugar la secuencia de dos crecimientos imparables: el suyo como torero y el de los territorios conquistados, cuya toponimia triunfal añade a Santander –convencida de nuevo– Zaragoza, Tarragona, Logroño, Palencia, Murcia, etc. En el 2005 la cotización del prestigio torero de Castella sufre un vuelco definitivo. No solo se erige, sin discusión, en el mejor torero francés de la historia, sino que da la talla de señera figura del toreo; aunque cierto sector de la crítica continúe reticente al calificativo. Su paso por San Isidro es decisivo para tal reconocimiento, ya que consigue conmocionar a la afición venteña y a los millones de televidentes que seguimos el cause isidril; a destacar una tarde clave: la del 22 de mayo, en la que sobrecoge, emociona y admira a todo el mundo frente al sonoro peligro de los toros de Charro de Llen; Tarde que constituye toda una declaración de principios de lo que habría de ser heroico paso por la feria. Ni la descompuesta violencia de los toros le impidió pesarles el terreno y hacerles su toreo, ni los derrotes del ventarrón le estorbarían para salirse con la muerte a los medios. Por dos veces penduleó su cuerpo en la frontera de la cornada y mil y una estuvo al borde del abismo sin que en una sola se crispara un músculo de su cara de niño o le subiera alteración alguna a lo imperturbable de su tez.

Su corazón de cuarzo y sus modos de seda debieron encontrar ese día el refrendo de la Puerta Grande, negada solo por la insensibilidad de un presidente que volvería a hurtarle una segunda salida a hombros tres días más tarde, cuando, después de cortar una oreja de inteligencia y clase al primer Atanasio de su lote, asustó al miedo ante los 614 kilos de latines y saberes de Cantador, con el que expuso, aguantó, sobó y trajinó, hasta acabar consiguiendo una tanda ligada sin que nadie diera crédito a lo que veía, ya que momentos antes parecía impensable intentar siquiera semejante asombro. Concluido su paso triunfal por la feria, tiene el gesto de torear una tercera tarde en sustitución de El Fandi; gesto que ni siquiera es agradecido con la pertinente ovación al concluir el paseíllo en una premonición de la atmósfera enrarecida que ese día vive Las Ventas, donde los reventadores habituales se lo pasan en grande negando todo lo que de bueno sucede en la arena. Pese a todo, vuelve a <<pegarse>> el arrimón, deja su pabellón en las altisimas cotas en que lo colocaron sus dos corridas anteriores y consigue algo mucho más precioso para él: vencer las dificultades técnicas que le plantea Aguilero, su último Núñez del Cuvillo, y regalarse el lujo de cuajarlo a gusto en las postrimerías de la faena para experimentar una sensación de plenitud como nunca hasta entonces. Lo que no puede impedir un presidente ni la intransigencia de los inquisidores es que Castella salga catapultado de San Isidro como el torero más ilusionante del momento, ni que su figura aparezca nimbada de esa aureola que le impone la viola de héroe; esto es, de alguien que comienza a transitar entre lo real y lo fantástico; de un torero capaz de superar su propia valentía, la valentía cabal que no deja cabida a la mentira, esa que es privilegio de unos pocos en toda la historia del toreo, para revelarse como un ser que afronta la adversidad del mundo en donde vive, pero que ni la acepta ni tampoco se doblega a admitir un futuro distinto al destino que sueña.

Y este no conoce más techo que el de bautizar con su nombre una época. Para eso –él lo sabe–, además de valiente cabal, hay que hacer el toreo de la forma más pura. Sesenta y cinco corridas en Europa, veinte en América, 77 orejas y un rabo, en total, son el cómputo de su temporada 2005, donde, aparte de lo ya comentado, comienza a puntuar en el Sur tras su brillante paso por la feria de Almería, donde se lleva el capote de la Virgen del Mar: Sevilla, sin enbargo, se le sigue negando; el primer toro de su única comparecencia se lo echa a los lomos y en el segundo está porfión, pero como aburrido. Lo que no sabe nadie, excepto él es que lleva pegada una cornada de 25 centímetros desde la voltereta del toro anterior sin que el dolor que a buen seguro sufre le cambie el gesto. Es otra faceta de la heroicidad: vivir la tragedia expulsando de sí todo lo superfluo. Es la estética que le conecta a Manolete y José Tomás; la estética de la sencillez que lleva implícita toda interpretación trágica de la vida; la estética sobria del toreo más auténtico; la que, huyendo de la gesticulación de la impostura, refugia su orgullo en la más solemne y estoica naturalidad. Su capacidad para aguantar los mordiscos del dolor sin permitir que perturben su mente tiene otra prueba el 13 de agosto en Béziers, donde hace el paseíllo después de que el día antes, en el mismo ruido, un toro de Victoriano del Río le metiera 15 centímetros de pitón en el glúteo izquierdo. Entre ambos percances, hemos de señalar el que sufre el 22 de julio en Valencia, cornada de res trayestorias en el muslo derecho, de la que reaparece catorce días después para cortarle las orejas a un toro de El Torreón en La Coruña y continuar como si nada su campaña triunfal, que, entre otros muchos éxitos, le ve volver a abrir por tercer año concecutivo la Puerta de los Cónsules de Nimes –el año siguiente también la abrirá– y cuaja en La México un faenón al toro Palomito, de Xajay.

La temporada 2006 supone su consagración definitiva. La apisonadora castellista arrasa desde Duitama a Cali; desde la inauguración del coso de Motril, donde obtiene cuatro orejas y un rabo e indulta a Estero, de Zalduendo, hasta la oreja sanmiguelina de Sevilla, donde su dolorido cuerpo le obliga a cortar la temporada europea; desde el triunfo de tres orejas de Arles, a la vendimia de Nimes; topónimos que señalan el inicio y final de su campaña americana, española y francesa. En conjunto; 92 corridas, 150 orejas, 7 rabos y 2 indultos, pues al ya mencionado de Motril, hay que añadir el de Lanudo, de Huagrahuasi, en Quito, que le vale los premios Jesús del Gran Poder y Ciudad de Quito como triunfador de la feria, galardones que se suman al segundo Escapulario de Oro que el francés gana en Acho, la Catedral de Oro de Manizales y los muchos que se lleva de España, a destacar los de Bilbao, que prácticamente acapara, la Oreja de Oro de la Asociación de la Prensa de Madrid –donde protagoniza otro San Isidro épico y ve su nombre incluido en el cartel de la Beneficencia— y el de las ferias de Albacete, Colmenar, Burgos, Antequera, etc. El brillo de sus triunfos cabrillea de plaza en plaza con pasmosa regularidad, la cual alcanza en agosto-septiembre unas cotas verdaderamente memorables, pues de las 40 actuaciones que comprende, corta orejas en 35, dato al que hay que añadir que una de las corridas no orejeadas ocurre en Lisboa, donde el premio máximo es la vuelta al ruedo, que él da en sus dos toros. En esta diadema de éxitos, fulguran con especial relieve dos gemas de muchos quilates: las de Sevilla y Dax. Por fin, La Maestranza puede ver a Castella, ocurre el 22 de abril, sábado de preferia, ante el negro mulato Encendido, el primero de los dos Zalduendos que remiendan La anunciada corrida de Jandilla. Faena conzagrativa de dos orejas, donde el diestro francés borda el toreo desde las verónicas iniciales hasta el contundente volapié que hace doblar al bruto.

Premonición de Puerta del Príncipe, que abortó el buey y rajado quinto, del que se <<montó>> encima sin lograr otra cosa que acrecentar la cobardía del manso. El éxito, de todos modos, es importantísimo, ya que le permite <<<entrar>> en Sevilla definitivamente, como ilustra la recompensa de figurar, junto a El Cid, como base de la feria y del abono maestrante de 2007. la gema de Dax tiene su talla el 14 de agosto ante las astas de Duende, el burraco y doble sobrero de Victoriano del Río al que Sebastián no solo corta las orejas, sino que guarda cuidadosamente en el anaquel de su memoria como <<el toro que mejor ha toreado en su vida>>. Y eso que a su lado relucen con brillo diamantino el Dulcecito, Buñuelos, al que corta un histórico rabo en Burgos, y otro de Garcigrande del que obtiene en Bayona, el 3 de septiembre, idéntico premio. Precisamente, ese mismo día cambiaría la oreja de su segundo por una grave cornada en el muslo izquierdo que lo pone en manos de los médicos por tercera vez en la temporada, ya que el tributo de sangre con que paga sus triunfos le lleva a caer herido el 11 de julio en Pamplona con otra cornada grave y el 4 de agosto con un puntazo en el gemelo derecho en La Coruña. Tampoco sería el de Bayona el último percance, ya que el 22 de octubre, cuando, a puerta cerrada, daba lidia y muerte a cuatro toros de Victoriano del Río en Aranda de Duero, el último de ellos le infiriere una cornada de 15 centímetros en el muslo derecho.

No obstante, el tropiezo más serio habría de llegarle el 29 de diciembre en el ruedo de Cañaveralejo (Cali), donde un astado de Las Ventas del Espíritu Santo le causa cinco fracturas de costillas –una de las cuales le afecta un pulmón– al querer darle un pase cambiado por la espalda al inicio de su faena. Roto por dentro y por fuera, sin apenas poder respirar, tuvo la casta y la grandeza de permanecer en el ruedo hasta matar el toro. Este percance le hizo perder el resto de contratos en América y los primeros de España. En este último estadio de su carrera, Castella ha logrado engranar, con precisión milimétrica, su valor y su técnica para ponerlas al servicio de un toreo que quiere mirarse en el espejo de Manolete, Ordóñez, El Viti y José Tomás; póquer cuyos ases encarnan, respectivamente, la personalidad, la hondura, la inteligencia y la verdad; verdad y pureza que le tienen por su más insigne depositario. Su estoicismo y la asuntaste indiferencia con que arrostra el riesgo, la sensación de lejanía que le hacen asomarse al abismo de las astas como si no fuera con él, como si el toro fuera un espejismo y la inminencia de sus amenazas solo existiera en la imaginación de los espectadores, le han capacitado para consolidar la técnica secreta que los toros enseñan a los pocos que tienen el coraje de traspasar las lindes de la lógica y adentrarse en este mundo oscuro donde habitan la muerte y los prodigios. A medida que se adentraba por tal laberinto de disturbios, intuiciones y fe, fue acumulando pequeños tesoros de conocimiento que le han prestado inestimable ayuda para aprender a descifrar las claves que los toros celosamente guardan al otro lado de las embestidas. Eso le ha permitido atar cabos, hilar fino, para desvelar su alma desde una impavidez estatuaria que le permite en muchas ocasiones desentrañar los resortes más hondos de la lidia para asombro del público y del propio toreo.

Como todo valor auténtico, el de Castella no se ensimisma en sus hazañas ni se agota en su auto complacencia, sino que, fiel escudero de los sentimientos, rinde su servidumbre para que el toreo aflore en sus muñecas, a veces como milagro, por impensable, a veces como música de armonioso trazado. Esa melodía de temple en cuya profundidad el joven torero francés sumerge su toreo es la que está consiguiendo rescatarle del territorio de los puramente valientes para ofrecerle alojo en la fragante alameda donde habitan los toreros de clase. Memorando su esplendorosa temporada del 2006, donde la lírica de su toreo templado y armonioso ha conseguido equipararse a su épica epopeya, Castella muestra serios indicios de encaminarse a disfrutar de una nueva soledad…, la que parece esperarle en la más alta cumbre del toreo. En mayo de 2007 se le otorga el I Premio Paquiro. Instituido por el suplemento El Cultural del diario El Mundo. El 18 de ese mes abre la puerta grande de Las Ventas durante la Feria de San Isidro al cortar dos orejas al último de la tarde, de nombre Lironcito, de Valdefresno, y el 7 de junio corta una oreja a Congestionado de Domingo Hernández en una de las corridas de la feria del Aniversario.

  • 2008: 83 corridas, 110 orejas, 4 rabos, 4 indultos (entre España y América)
  • 2009: 76 corridas, 109 orejas, 1 rabo, 2 indultos.
  • 2010: 82 corridas, 106 orejas, 2 rabos, 2 indultos.
  • 2011: 77 corridas, 91 orejas.
  • 2012: 46 corridas, 60 orejas, 1 rabo, 1 indulto.
  • 2013: 39 corridas, 46 orejas.
  • 2014: 42 corridas, 48 orejas, 1 rabo, 1 indulto.
  • 2015: 51 corridas, 76 orejas, 1 rabo
  • 2016: 54 corridas, 63 orejas, 2 rabos.
  • 2017: 57 corridas, 73 orejas, 1 rabo, 2 indultos.
  • 2018: 60 corridas, 60 orejas, 1 rabo, 2 indultos.
  • 2019: 54 corridas, 58 orejas, 3 rabos, 1 indulto.
  • 2020: 13 corridas, 17 orejas, 1 indulto.

2 Comentarios

  1. Antonio Fernandez Ram

    Soy abonado a Onetoro  y no se lo que va ocurrir con Vds., teniendo en cuenta  los problemas que atraviesa la plataforma con el futuro incierto de televisar corridas de toros en la proxima temporada.
    He de decirles que estoy totalmente de acuerdo con las declaraciones que hizo Sebastian Castella en el festival de la Dana celebrado el domingo en la plaza de Vista Alegre de Madrd. Para puntualizar un poco mas creo que Castella estuvo demasiado moderado en su comentario deberia de haber sido mas rotundo todavia.
    GRACIAS MAESTRO CASTELLA POR SALIR EN DEFENSA DE LOS INTERESES DE LA FIESTA Y AL MISMO TIEMPO DE LOS AFICIONADOS SIN LOS CUALES NADA SERIA POSIBLE.
    Señores de Onetoro no nos maltraten mas.
    Ustedes se han parado ha pensar que 5 o 6 figuras del toreo se unieran a la opinión de Castella y se negaran a torear si se televisan corridas por One Toro en los que ellos esteen anuciados. Esto seria el fin. Me encantaria que esto ocurriera.
    Tambien expreso mi disconformidad en las opinones al borde de lo taurino que los comentaristas han hecho en el Festival taurino. 
    Comentarios de contenido politico con los cuales hay aficionados que no estamos de acuerdo y no tienen porque escuchar. Limitense a decir lo que ven y nada mas.
    Por tanto y termino. Lo mejor que puede ocurrir es que vds. desaparezcan y que vengan a sustituirles otros con seriedad. Por el bien y continuidad de la Fiesta.
    Atentamente: Antonio

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  2. Antonio Fernandez Ram

    Este correo (Antonio Fernandez Ram) se lo he enviado Onetoro esta misma mañana 02/12/2024.
    Estoy totalmente de acuerdo con sus declaraciones.
    Aprovecho para desearle unas felices Navidades y un magnifico año 2025.
    Espero que en este proximo año y lo que queda de este cada actuacion suya sea un triunfo.
    Con todo mi respeto y admiracion. Un abrazo. Antonio

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