HISTORIA DEL TORERO

Manuel Rodríguez Sánchez (Manolete)

Publicado el 29 de enero de 2022
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Venimos a hablar en las siguientes líneas de un torero de época y un estoqueador honradísimo, de una figura cumbre alrededor de la cual gira el toreo desde el año 1940 hasta que desaparece trágicamente en 1947.

Nació en Córdoba el 5 de julio de 1917 y fue hijo de aquel Manolete de la promoción de 1907 que obtuvo la alternativa de manos de Machaquito; ejerció de novillero poco tiempo durante la guerra, y en vista del buen cartel alcanzado en Sevilla, en esta capital recibió la investidura de matador de toros el día 2 de julio de 1939, con Chicuelo de padrino y toros de don Clemente Tassara, de los cuales, el de la cesión llevaba por nombre Mirador y era negro. Testigo de esta ceremonia fue Gitanillo de Triana (R.).

La confirmación de dicho grado en Madrid se efectuó el día 12 de octubre de aquel mismo año, con el cartel que hemos dicho al ocuparnos de Juan Belmonte Campoy.

Desde aquel momento, la afición se <<manoletizó>>, pues la erecta posición vertical del diestro cuando toreaba, su espigada figura, el ritmo que imprimía a sus movimientos, la precisión admirable que daba a su toreo, sin concesiones de mal gusto, su recia personalidad, en suma, imprimieron a su singular estilo gran solemnidad y empaque. Agreguemos a estas cualidades el elevado concepto que tuvo de su responsabilidad –nota destacadísima en su manera de ser–, y el lector podrá formarse una idea aproximada de los fervores que inspiró a las multitudes lo mismo aquí que en los países americanos que visitó, efectos vehementes que con su trágica muerte subieron al más alto nivel, hasta el extremo de haber hecho de este gran torero cordobés una especie de ficción alegórica.
Pero transcurridos los años y desaparecidas las pasiones que produjo; hecha la debida decantación de sus méritos, bien podemos intercalar entre tantos elogios –todos merecidísimos– una censura, y es la de que negó el principio inmanente del arte de torear, que es el de <<cargar la suerte>>, y estableció el toreo de perfil, con el que se obtiene una especie de ganancia anticipada en el pase natural.
Las corridas que toreó desde que tomó la alternativa hasta su muerte fueron éstas: en 1939, 16; en 1940, 50; en 1941, 58; en 1942, 72; en 1943, 71; en 1944, 92; en 1945, 71; en 1946 permaneció inactivo voluntariamente y no toreó más que la de Beneficencia en Madrid, y en 1947, 21, que pudieron ser más de no haber actuado con restricciones. En sus dos campañas americanas sumó 49 corridas.
Aparte su cogida mortal, no le hirieron mucho los toros, pudiendo considerarse como su percance de mayor importancia el del 9 de diciembre de 1945, al hacer su presentación en la capital de Méjico.
El día 28 de agosto de 1947 se celebró en Linares (Jaén) una corrida en la que se lidiaron seis toros de don Eduardo Miura y actuaron como matadores Gitanillo de Triana (R.) Manolete y Luis Miguel Dominguín, y el quinto astado de la tarde, llamado Islero entrepelado y marcado con el número 21, cogió a Manolete por el muslo derecho al dar una estocada superior –entrando a matar con gran dignidad profesional– y le produjo una tremenda cornada, en el triángulo de Scarpa, que le ocasionó la muerte a las cinco de la mañana del siguiente día.
Esta tragedia, como las de Pepe-Illo, el Espartero y Joselito el Gallo, hizo que Manolete pasara a la Historia con una aureola que solamente obtienen los héroes populares.
Perteneció a la orden civil de Beneficencia, por sus repetidas y desinteresadas actuaciones de carácter benéfico.

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