HISTORIA DEL TORERO

RAFAEL MARTÍN VÁZQUEZ BAZÁN

Publicado el 9 de febrero de 2022
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Se trata de otro hijo de Curro Vázquez, menor que Manolo y Mayor que Pepín, y el de menos relieve de los tres. Fue tan poco el suyo, que bien puede decirse que careció de él.

No vacilamos al afirmar que vistió el traje de luces más por la influencia del ambiente familiar que por vocación.

Nació en Sevilla el 20 de agosto de 1924; se presentó en Madrid como novillero el 15 de junio de 1944, para estoquear reses de Sánchez cobaleda con el Boni (Rafael), Luis Miguel Dominguín y su mencionado hermano Pepe; no inspiró interés matando novillos; durante el año 1946 desarrolló sus actividades en Méjico, y a su regreso, sin que las circunstancias le favorecieran, y acaso por no ser menos que sus hermanos, se determinó a tomar la alternativa, lo que llevó a efedto en Valladolid el 15 de mayo de 1947, mediante cesión que le hizo el estudiante de un toro de la ganadería de la Viuda de Molero y figurando Belmonteño como segundo espada.

Y no volvió a vestirse de torero. Sin confirmar su alternativa, se retiró.

Lo repetiremos: poca debió de ser su afición.

O tal vez supiera conocerse a sí mismo y comprendiera que no conseguiría salir del montón. No pudo obrar con más cordura.

Ayer me enteré de su muerte. Y recordé la penúltima vez que nos vimos -porque nunca pensé en una última- en la finca de Miguel Báez “Litri”, allá en “Peñalosa”, como siempre, en esa tertulia que forman un puñado de toreros veteranos donde se juntan carteles de toros con los nombres de su hermano Pepín, de pepe Luis Vázquez, de Manolo Carmona, de Julio Pérez Vito, de Juan de Dios pareja Obregón, de Paquito Casado, de Rafael Chicuelo, de Manolo El Andaluz, de Antonio Cháves Flores, de Luis González, y que, cada vez que se juntan, en la Venta pazos como referencia, parada y fonda o punto de partida, uno respira el toreo por cada uno de ellos para sentir la filosofía de Pepe Luis, calar en el senequismo de Pepín, la sobriedad de Miguel Báez, el arte de Julio Vito, la gracia de Luis González, las medidas palabras de Paquito Casado, la opinión mesurada de ;Manolo Carmona, pinceladas de Rafael Chicuelo, sentencias de Manuel El Andaluz, el torero sentir de Antonio Cháves Flores, y ese terremoto de palabras, poesía, bromas, anécdotas y cosas que solo se le pueden ocurrir a Juan de Dios.

 Fallece en Sevilla el sábado, 31 de enero de 1998, y sus restos descansa en el cementerio sevillano de San Fernando.

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