HISTORIA DEL TORERO

JOSÉ LUIS RAMOS SAN MARTÍN

Publicado el 19 de octubre de 2023
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Matador de toros que nació en Ciudad Rodrigo el 6 de marzo de 1967. Mató su primer becerro en Ciudad Rodrigo, el 20 de agosto de 1983, en un festival en el que intervienen Curro Romero, El Viti y Jaime Ostos. Su primer vestido de luces lo enfundó el 10 de marzo de 1984. Perteneció a la Escuela de Tauromaquia de Salamanca. Participa en el popular concurso del Bolsín Taurino de su patria chica, correspondiente a la edición de 1984, llegando a la fase final, en la que se enfrentó con un astado de la vacada de Martín Bernardos. Poco más tarde toma parte en la novillada que tradicionalmente acompaña al desencajonamiento de los toros de lidia en las fallas valencianas, y daría una vuelta al anillo del coso de la calle de Játiva al dar cuenta del novillete que le correspondió, lo que pudieron atestiguar sus compañeros de cartel e igualmente diestros noveles Rafael Valencia y Juan Rafael López. Alterna el siguiente 20 de mayo en Logroño con Blas Fernández, Gallito de Alfaro, y Gerardo Jordán, Blanquito, en la lidia de un encierro de la divisa de Carmen Lorenzo, y tras cortar un apéndice en su primer oponente habría de escuchar dos avisos presidenciales durante el trasteo del restante de su lote. El 24 de junio de ese mismo 1984, en Laguardia, se luce al torear reses de la ganadería de José Luis Pascual. Hace su presentación con picadores el 30 de septiembre en la plaza de Córdoba, de la anterior temporada de 198, estoqueando novillos de Felipe Bartolomé, acompañado por Juan Carlos Domingo y Paco Zurito. El 11 de mayo de 1986 se presenta en Barcelona, con Julio Norte y Miguel Marcos, cortando dos orejas al segundo de su lote, perteneciente al hierro de los señores Herederos de don Baltasar Ibán Valdés. En Francia torea por vez primera el 4 de agosto del año anterior, en el coso de Hagetmau. Alternan con él El Galo y Niño de la Taurina. Las reses pertenecieron al hierro de Aldeaquemada. Repetiría el posterior 15 de agosto en Hervás, con bureles de la vacada de los herederos de Francisco Rivera, con Andrés Caballero y Manuel Corona de testigos del éxito. Vuelve a estar desacertado en el manejo de la tizona el 7 de septiembre del mismo año, cuando pisó en dorado albero del coso de la Real Maestranza de Sevilla, por lo que sonaría un recado en cada uno de los ejemplares de la vacada de Dionisio Rodríguez que le tocaron en suerte, pese a lo cual fue ovacionado por el competente público sevillano. Le acompañaron en la arena en tal coyuntura Antonio Vázquez, El Vinagre, y Fernando Cepeda. En la campaña de 1986 ha participado en una docena de funciones con plazas montadas. Ya en 1987, el 25 de abril, en la localidad coruñesa de Noya, corta los máximos trofeos de un ejemplar de la vacada de Andrés Ramos, delante de Celso Ortega y Julio Aparicio. Continuó en la tarde de su presentación en Madrid, el 18 de mayo de 1987, con Celso Ortega y Fernando Cepeda, en la que el novillo Bolillero, número 46, cárdeno salpicado, del hierro de los señores Hijos de don Pablo Martínez Elizondo, que ha saltado en primer lugar, le infiere dos cornadas, cuyas heridas no duda en calificar de muy graves el doctor don Máximo García Padrón. Recuerdo que el novillo le corneó en la pierna derecha y le derribó. En el suelo, Bolillero metió la cara y no pudimos apreciar si había calado. Las cuadrillas le llevaron hasta el estribo de la barrera y recuerdo perfectamente cómo introducían sus manos en el pecho del joven salmantino, queriendo descubrir alguna herida. Por momentos pude apreciar cómo cambiaba de color su cara, volviéndose demasiado deprisa de un color cianótico, y el novillero daba muestras de no poder respirar. En ese momento le levantaron y, ya apresuradamente, le introdujeron en la enfermería. El pitón, en el suelo, sí había calado. Después de unos días en la clínica, el torero regresa a su casa para seguir restableciéndose y, a pesar de los destrozos que ha causado el cuerno del novillo, reaparece poco después de un mes en Éibar (Guipúzcoa), concretamente, el 24 de junio, para despachar una novillada de don Justo Nieto Jiménez en compañía de Rui Bento Vasquez y Julio Aparicio.

Una oreja de su primero y las dos de su segundo parecen indicar que la cornada no ha dejado secuelas importantes. Aún más, parece afianzarse su concepto del torero de quietud, ese que ha aprendido a fuerza de volteretas. Suma al final de la temporada un total de diecinueve novilladas, la mayoría en plazas de responsabilidad, y se aguarda con esperanza su trayectoria posterior. En 1988 vuelve a Madrid, el 1 de mayo, para estoquear novillos de los señores Hijos de don Bernardino Giménez Indarte, en compañía de Julio Norte y Raúl Zorita, que se presentaba en Las Ventas. Ha olvidado definitivamente la cornada. Se ve que sabe torear. Confieso que ha sido uno de los novilleros que más me han gustado en su paso por la plaza madrileña. Tiene valor, sabe mover los brazos y se coloca muy bien para torear de verdad. Cuando acabo con su primer novillo se pidió la oreja, pero el presidente no la concedió. Inexplicablemente cortó la Vuelta al ruedo que había comenzado con toda justicia. Pudo con el cuarto, un novillo con más problemas, y confirmó las esperanzas de muchos en sus posibilidades de ser torero y se gana la inclusión en los carteles de la primera feria del mundo, y el 23 de mayo reafirma, con una ovación y una vuelta en el primero y las palmas después de la muerte del cuarto, un novillo que daba cabezazos, que tiene sitio en el toreo. Quizá no esté todavía para empresas mayores, pero en esta época, la carrera de un torero a veces se ve excesivamente condicionada económicamente. Lo cierto es que después de matar quince novilladas se anuncia para el 14 de septiembre su alternativa en la feria de Salamanca. Vestido de gris plomo y oro inicia el paseíllo de la que será su primera corrida como espada de alternativa, flanqueado de Pedro Gutiérrez Moya, Niño de la Capea, y Miguel Báez, Litri. Aquel, el más antiguo de la terna, le cede la muerte del toro Embustero, número 67, negro mulato entrepelado, de 460 kilos de peso, que se corre en primer lugar y pertenece, como el resto, a la divisa de don Joaquín Buendía Peña. A pesar del memorable adiós de su padrino, que esa tarde se despide del toreo cortando las dos orejas y el rabo al cuarto toro, los titulares del día siguiente tienen un hueco para calificar de brillante su alternativa. Embustero, como los tres primeros, fue un toro complicado. En el último de la tarde, el buen gusto y cabeza de nuestro torero entusiasmó los tendidos de La Glorieta. Entendió perfectamente al que cerraba plaza y de no haber fallado con la espada, la faena que había brindado a su padrino de doctorado hubiera sido premiada con dos orejas. Tuvo que contentarse con una sola, pero salió de la plaza con el respeto de cuantos le vieron. La segunda corrida de toros, y última de la temporada, es el 18 de este mismo mes, también en Salamanca. Alterna con los veteranos Ruiz Miguel, que ha sustituido a Manili, y Roberto Domínguez, y de nuevo logra cortar una oreja. No puede empezar mejor se etapa de matador de toros. Sin embargo, las puertas que parece poder abrir se le cierran y en 1989 solamente puede torear, como espada de alternativa, seis tardes, entre ellas la del 3 de septiembre, con la temporada demasiado avanzada, en Madrid, para confirmar la alternativa de Salamanca.

Viste José Luis Ramos de grosella y oro y será padrino de la ceremonia el sevillano Manolo Cortés, quien le cederá la muerte del toro Esparteño, un negro listón que pesó 534 kilos y se había herrado con el número 55 en la finca de los señores de don Alfonso Sánchez-Fabrés. Contempla la cesión el espada francés Richard Milian. Mala suerte tuvo el mirobrigense en su confirmación. Se llevó el peor lote de la tarde. Esparteño se metió por detrás del caballo en varas. Se coló por el pitón derecho. En banderillas derrotó. Fue, en general, un toro descompuesto. José Luis, sin perder los naturales nervios, supo andarle por la cara con soltura. Se le ovacionó a pesar de no estar acertado con la espada. Espera desquitarse en el sexto, pero fue un regalo que incluso intentó saltar la barrera. No pudo ser y la temporada se le fue con otra corrida más, en Salamanca, cortando, como el año anterior, otra oreja en el último toro de la campaña de 1989. Ha sumado seis festejos, dos de ellos en Francia. Torea muy poco en 1990 y con escasos resultados positivos. Una oreja en Haro y, como las temporadas anteriores, una oreja en Salamanca, y en el último ejemplar que mata. Ha toreado en la isidrada, a la que lógicamente ha venido con mucha ilusión y ganas de triunfar, pero ha sido posible. Ha dejado su estela de buen torero, pero su carrera necesita un triunfo sonoro en Las Ventas. Este se va a producir en la temporada de 1991. Su primera corrida de toros, de las seis que torea este año, es en Madrid, el 30 de junio, tarde en la que Sánchez Puerto confirmará la alternativa al venezolano Marco Girón. Se anuncian seis toros de El Pilar, pero el quinto, que corresponde a José Luis, y el sexto se sustituyen por uno de don Ernesto Louro Fernández de Castro y otro de los señore González de San Román. Al primero, del hierro titular, le cortó la oreja. No vuelve a torear hasta el 15 de agosto. Y de nuevo es Madrid la plaza en la que desfila vestido de luces. Unos días antes, el torero, que ya tiene apalabradas dos corridas en la feria de Salamanca, declara: <<En todo caso, la temporada de 1991 dependerá en mucho de lo que ocurra el próximo día 15 en Las ventas>>. Y no ocurre nada. Si acaso, puede considerarse un serio tropiezo, ya que a su primer toro pudo sacarle faena y no lo vio hasta muy avanzada esta, y además con la espada volvió a estar muy desacertado. Hasta la feria de Salamanca, no sé si como consecuencia de su paso por Madrid, como decía el propio torero, no torea nada mas que en Bayona y Astorga. Termina la temporada con el escasísimo número de seis festejos para un torero que empieza a estar muy olvidado de empresas y público. Hasta el punto es esto verdad en 1992 únicamente interviene en tres corridas de toros, las tres en Salamanca, una en Vitigudino y dos en la feria, y lo que es peor, no consigue dar una vuelta al ruedo. En 1993, el panorama es idéntico. Tres corridas, todas en la región salmantina, aunque eso sí, en dos tardes corta una oreja. Aunque en cuanto a número de corridas, doce toreó en total, la temporada de 1994 es mejor, pero el escaso fuste taurino de las localidades donde no aumenta su cotización. Debo exceptuar en esta calificación su tarde de Cenicientos, por la seriedad de la corrida de don Ernesto Louro Fernández de castro, y su paseíllo, el último de la temporada, en el coso de La Glorieta de la capital salmantina. Su cartel se viene definitivamente abajo en 1995, campaña en la que únicamente intervino en una corrida de toros.

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