HISTORIA DEL TORERO

Ricardo Torres y Reina (Bombita)

Publicado el 29 de diciembre de 2021
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Este diestro, uno de los más famosos entre los que hemos conocido, nació en Tomares (Sevilla) el 20 de febrero de 1879; murió en dicha capital el 29 de noviembre de 1936; fue cajista de imprenta en su adolescencia, y el ejemplo de su hermano Emilio le llevó a ser torero también. Se presentó en Madrid como novillero, formando pareja con Juan Domínguez (Pulguita-Chico), el 7 de marzo de 1897, y el 24 de septiembre de 1899, alternando con el Algabeño y Dominguín, recibió la investidura de matador de toros en dicho coso madrileño, al cederle el primero de estos diestros el toro Cachucho, de veragua. Fue diestro de amplio repertorio con capote, alegre banderillero y un muletero que siguió la línea de Guerrita –sin alcanzar a éste, naturalmente–, demostrando arte y dominio. Escaló pronto uno de los primeros puestos, y con Fuentes y Machaquito formó la trinidad señera de los primeros años sucesivos. Después fueron pareja de moda Bombita y Machaquito, aunque es de advertir que no constituyó la misma una rivalidad a la manera de otra competencias famosas. Sufrió abundantes cogidas, y por esto no pudo torear algunos años todas las corridas que tuvo contratadas, las cuales ascendieron en su totalidad a 663, habiendo dado muerte a 1.562 toros. Realizó una gran obra de carácter social, la fundación del Montepío de Toreros, y con tal motivo le fue concedida la Cruz de Beneficencia. Pocas veces brilló con más justicia sobre un pecho la venera que pregona santo añor por el bien del prójimo. La última corrida que toreó fue la de su despedida en Madrid, el 19 de octubre de 1913; le acompañaron Rafael el Gallo, Regaterín y Gallito, y el último toro que mató, llamado Cigarrón, pertenecía a García de la Lama. En dicha corrida, que constituyó un verdadero homenaje, obtuvo un resonante triunfo.

Ya desde sus comienzos, los percances estuvieron presentes en la carrera de Ricardo Torres. Percances que siempre superó gracias a su afición, voluntad y valor. Así, incluso en un cerrado en Benjumea, antes de haber vestido el traje de luces una vaca le infirió una cornada de siete centímetros, que sin embargo no palió las ganas del joven de convertirse en torero. Ya como novillero, en Madrid tuvo dos cornadas serias, algo que se repetiría en Sevilla, donde el día de su confirmación resultó cogido, Valencia, plaza en la que recibió una cornada de un toro de Otaolaurruchi. En total fueron 45 las cogidas en su etapa de novillero, de las cuales salió herido en 18 ocasiones. Pero no sólo fueron los pitones de los toros los que a menudo truncaron su carrera, sino que otros percances relacionados con su profesión estuvieron presentes. El de 1900 fue el año de su primera temporada completa como matador de toros. Aún sin demasiada suerte en Madrid a principios de temporada, los triunfos en provincias sonaban por toda la geografía taurina; hecho que la crítica del momento corroboraba. En este año realizó actuaciones memorables sobre todo en Valencia y Barcelona. En Madrid, también supieron apreciar su valentía y su buen toreo, sobre todo a partir de la corrida celebrada el 17 de junio en la que estoqueó reses de Pablo Romero. Sin embargo, cuando se comenzó a apreciar de verdad a este torero en Madrid fue al año siguiente, concretamente el 15 de mayo; cuando después de ser zarandeado de forma espeluznante por un toro de don Vicente Martínez,Bombita saltó la barrera, se puso el pantalón de un arenero, ya que su taleguilla estaba destrozada, y volvió al ruedo para matar al toro de una gran estocada. Cristalizaba así definitivamente la admiración que venía despertado este torero en Madrid. El año 1902 no fue precisamente un buen año para Bombita, quien a pesar de sumar un buen número de actuaciones en Madrid, no ocurrió nada digno de mención en cuanto a resultados artísticos, a pesar de mantener intacto su sello de torero valiente. A esto hay que sumarle la cornada que le propinó en el cuello un toro de Carriquiri, en la que era su segunda tarde en Madrid; corrida celebrada por la coronación de don Alfonso XIII, el 22 de Mayo. Finalmente, la cornada no fue tan grave como parecía en un principio. Este mismo año escuchó el torero la mayor bronca de su vida después de que no fuera capaz de sacar partido a un toro de Miura, que fue premiado con tres vueltas al ruedo. Fue este fracaso el que mantuvo a la plaza de Madrid en una posición distante con respecto al torero, hasta que un año después en Sevilla, y de nuevo ante toros de Miura, cosechara un enorme triunfo que le sirviera para romper asperezas y volver a la corte. Así ocurrió, y el día 2 de mayo volvió a triunfar en Madrid, alternando con Mazzantini y Machaquito, frente a toros de Cámara. Son momentos en que la competencia entre Bombita y Machaquito va tomando cuerpo. El de 1905 será el primer año en el que Bombita se embarca rumbo a México, país hasta el que había llegado su fama, y en el que respondió como se le esperaba. Sin embargo, la mala suerte, tantas veces cebada en su figura, se hizo una vez más eco en su carrera. De este modo, al año siguiente, en este país, el 14 de enero de 1906 cuando toreaba una corrida a beneficio de Antonio Fuentes, y después de haber triunfado en su primer enemigo; un toro de Piedras Negras, le arroyó provocándole múltiples lesiones de gravedad en la zona pectoral. La preocupación en tierras españolas era importante, no sólo por su estado físico, sino también, por si la salud de su moral salía resentida del percance. Bombita, Machaquito, y Regaterín, con reses de Benjumea eran los nombres impresos en el cartel que anunciaba la reaparición de Ricardo Torres en Madrid. Era el 15 de abril de 1906. Esa tarde el diestro recibió a su primer toro de la misma manera que lo hizo en México al ser arroyado. Despejaba así las dudas sembradas sobre el estado en el que se encontraría a su vuelta a los ruedos. Sin embargo, la de México no sería la última vez que pasaría por la camilla, sino que esa situación se repetiría a lo largo de los años siguientes, en los que ya afianzado su cartel, vuelve a sufrir percances graves hasta en los tentaderos. Si mala suerte tuvo en los numeroso percances sufridos en su vida de torero, tampoco la fortuna le acompañó en las empresas que tocó lidiar fuera de los ruedos, aunque también concernientes a su profesión. Así, es conocida la lucha que mantuvo con empresas y ganaderos, aliándose con otros toreros, en la cual solicitaba aumentar sus honorarios al matar corridas de Miura, al igual que el propio ganadero de esta divisa hacía gracias a la fama de sus toros. Esto afectaba de forma negativa a empresarios y ganaderos, que junto con el público, que entendía que se trataba de una excusa para no enfrentarse a dicho hierro, dieron más de un quebradero de cabeza al diestro, que tuvo que ceder en su empeño. Tampoco ganó la partida jugada con el empresario de Madrid, el señor Mosquera, para que prevalecieran en los contratos cláusulas que favorecieran a los toreros, algo que le alejó de Madrid durante dos años, plaza a la que no volvería hasta 1912. Este hecho hizo que otros toreros pudieran consagrarse en Madrid, es el caso de Rafael, El Gallo, y Vicente Pastor. Con el primero, Bombita entablaría una rivalidad que llegaría incluso a despertar mayores pasiones que la precedente junto a Machaquito. Sin embargo, donde el diestro de Tomares dio la talla fue en la fundación del Montepío de Toreros (Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros). Constituida el 30 de octubre de 1909, cuyos socios tenían derecho a recibir ayudas en caso de heridas, inutilidad, etcétera. Dicha asociación fue tomada con gran entusiasmo por todos los toreros. Se destinaría al mismo tiempo un fondo especial para la creación de un Sanatorio de toreros, fondos que se obtendrían de provendrían de la celebración de una corrida especial benéfica que se celebraría una vez al año en Madrid. Como decíamos algunas líneas más arriba, Bombita volvió a Madrid en 1912 para enfrentarse a un encierro de Santa Coloma, alternando con Rafael, El Gallo, Bienvenida y Punteret, saldándose su actuación con una oreja. Sin embargo la mala suerte estaría de nuevo presente pocos días después, de nuevo en la plaza de Madrid, en la corrida extraordinaria del 17 de mayo. Este día, alternando con Vicente Pastor, Rafael, El Gallo y Gaona, frente a toros de Miura, sufrió una lesión en el tendón de Aquiles del pie izquierdo que le impidió continuar la lidia. Además, este hecho, provocó las protestas de muchos espectadores al creer que ese no era el motivo de su retirada a la enfermería. El percance fue tan grave que le mantuvo fuera de los ruedos lo que quedaba de temporada, un total de 47 corridas. Volvió a vestirse de luces al año siguiente, pero se encontró con un panorama muy diferente al que dejaba tan sólo un año atrás. A Rafael, El Gallo, se unía ahora su hermano pequeño: José Gómez Ortega, Gallito, al mismo tiempo que corría de boca en boca el nombre de un novillero: Juan Belmonte. Los tiempos estaban cambiando y el toreo y sus pilares también, algo que no debió de pasar inadvertido a la inteligencia de Ricardo Torres, quien decidió retirarse de los ruedos después de realizar una notable temporada, no sin los habituales percances, culminada con una despedida a beneficio del Montepío de Toreros. Ocurrió el 19 de octubre de 1913, a los 34 años de edad, y en el cartel se anunciaban Rafael y Joselito (Los Gallo), y Belmonte, este último sustituido finalmente por Regaterín, debido a una lesión. El quinto toro de esa tarde, y último que Bombita estoqueó en su vida, tenía por nombre Cigarrón, negro bragado, de la ganadería de García de la Lama. Como se ha podido ir deduciendo a lo largo del texto, Bombita, fue ante todo un torero valiente, al mismo tiempo que dominador de un gran número de toros, no tanto por una técnica excesivamente depurada, como por ese valor del que tanto se ha hablado. No fue un excelente capotero, engaño, con el que más que el lucimiento buscaba la eficacia, a pesar de lo cual practicó un toreo de capote muy variado. No destacó tampoco por ser un buen banderillero. Con la muleta es como destacó realmente Bombita, con la cual era capaz de dominar a los toros más huidizos, imprimiendo largura y alegría sevillana. El estoque fue siempre su asignatura pendiente, con el cual deslucía lo anteriormente acontecido en multitud de ocasiones. Ricardo Torres, Bombita moriría en Sevilla el 29 de noviembre de 1936.

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