HISTORIA DEL TORERO

José Gómez Ortega (Gallito)

Publicado el 5 de enero de 2022
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Hijo menor de Fernando Gómez (el Gallo), nació en Gelves (Sevilla) el 8 de mayo de 1895 y empezó a torear como becerrista, formando pareja con José Gárate (Limeño). Juntos siguieron al pasar a matar novillos, y unidos se presentaron en Madrid el 13 de junio de 1912, para matar reses de la ganadería de Olea. Aquel mismo año, el 28 de septiembre, le dio su hermano Rafael la alternativa en Sevilla, con toros de Moreno Santamaría y Antonio Pazos como testigo. El toro de la cesión se llamaba Caballero. Y tres días después, el 1.º de octubre, se la confirmó el mismo Rafael en Madrid con toros de Veragua, en cuya corrida tomó también la alternativa Vázquez II de manos de Vicente Pastor.

Torero extraordinario desde sus principios, sintió el orgullo de su profesión; rindió a tal actividad un culto inigualable; pudo con todos los toros, cualesquiera que fueran sus condiciones, e igual ejercía su dominio con los bravos y poderosos que con los cobardes, con los primeros para reducir su pujanza y con los segundos para convertir su mansedumbre en aparente bravura. Si nadie le ganó en amor propio, nadie, tampoco, pudo permanecer indiferente ante las proporciones asombrosas de su personalidad artística.

Por la extensión y por la hondura de su toreo, Joselito (Que así se le designaba) representa en la vertiente de la Tauromaquia el torero-tipo a lo Romero, Montes o Guerrita, y si por algo se le pudo combatir fue por su imperfecta manera de matar.

Era breve en este aspecto, le duraban poco los toros, pero llevaba demasiado alto el brazo de la espada. Le colgaron el título de omnisciente (brilló en los tres tercios de la lidia), fue durante siete años árbitro de la fiesta y su rivalidad con Juan Belmonte ha hecho que dicha época sea considerada como la más dorada que ha tenido el toreo, durante la cual la pasión del público excedió de cuanto pueda ponderarse.

Por todo lo manifestado, su cogida mortal en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920, ocasionada por el toro Bailaor, de la Viuda de Ortega, es una amarga ironía que no tiene racional explicación, sin que esto quiera decir que antes de la tragedia no le hirieran los toros, pues sufrió estos tres percances graves: el 1.º de septiembre de 1912, en Bilbao, el 5 de julio de 1914, en Barcelona, y el 19 de agosto del mismo año, en Bilbao también.

Cuando se produjo el fatal suceso, nadie quería creer en él. ¿Era posible que Joselito, el dominador, el invencible, el que muchos consideraban invulnerable (a pesar de los tres percances referidos) hubiera muerto herido por un toro?

Sí el que dominó con su mágica muleta a tantos y tantos toros difíciles, el que entusiasmó a las multitudes, el que animó los cosos con su Juventud,  su arte y su gentileza, cayó mortalmente herido por un toro en la plaza de Talavera de la Reina.

El cadáver fue llevado a Madrid, y su conducción, desde el piso que tenía alquilado en la calle de Arrieta de dicha capital, a la estación del Mediodía, para trasladarlo a Sevilla, fue un espectáculo tan grandioso, que recordó a los viejos el registrado treinta años antes, al hacer el mismo recorrido con los restos del célebre tenor Julián Gayarre. Falta agregar que Joselito fue el primer torero en la historia que llegó a la cifra de cien corridas toreadas en una sola temporada, pues sumó 102 en 1915, 105 en 1916 y 103 en 1917. Joselito el Gallo fue, en suma, el modelo de poder, dominio, equilibrio y gallardía que ocupa en la Historia del toreo un puesto privilegiadísimo en las más altas cimas.

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