HISTORIA DEL TORERO

Manuel Domínguez y Campos (Desperdicios)

Publicado el 20 de diciembre de 2021
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No le anunciaron nunca con este apodo, que él rechazó siempre por considerarlo humillante, pero hay que consignarlo siempre que se cite su nombre. El origen de dicho mote parece ser que tuvo su fundamento en que cuando Pedro Romero le vio hacer prácticas en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, hubo de exclamar, dirigiéndose a unos aficionados:

–Este muchacho no tiene desperdicio.

Vio la luz en Gelves (Sevilla) el 27 de febrero de 1816, y después de ejercitarse en dicha Escuela figuró como banderillero en las cuadrillas de Juan León y Manuel Lucas Blanco; empezó a matar toros, y el 26 de septiembre de 1836 recibió en Zafra (Badajoz) una alternativa que no le dio antigüedad; seguidamente embarcó para América, en cuyas repúblicas del Sur arrastró por espacio de dieciséis años una vida azarosa y aventurera; al regresar, nada tenía de envidiable su situación; quiso torear y recabó el apoyo de Cúchares, cuyo diestro se llamó andana; pero encontró otras ayudas y pudo presentarse en la plaza de Sevilla, donde produjo la mejor impresión por su valentía.

Su pesadez física le restaba agilidad, y como esto le obligaba a pararse, había momentos de gran emoción en sus faenas, a lo que debió el renombre adquirido, sobre todo en Andalucía, pues en Madrid le vieron siempre torpón, falto de habilidad, y nunca fue torero de temporada.

Treinta y siete años contaba cuando el 10 de octubre de 1853 se presentó en dicho ruedo madrileño para tomar la alternativa; se la dio El Salamanquino, al cederle el toro Balleno, de don Vicente Martínez, y en tal corrida, que fue de ocho astados, tomaron también parte Cayetano Sanz y Lavi.

La pesadez irremediable de sus piernas le ocasionó repetidos percances, el más grave el 1.º de junio de 1857, en Puerto de Santa María, donde el toro Barrabás, de Pérez de la Concha, le vació el ojo derecho y le dejó tuerto. Y el Tuerto Desperdicios le llamaron siempre, pero cuidando de que él no lo oyera, porque tenía malas pulgas. Toreó por última vez en Málaga, el 15 de agosto de 1876.

Grave y serio en su trato, fue hombre de gran dignidad, un gran carácter, un gran corazón, y falleció en Sevilla el 6 de abril de 1886.

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