HISTORIA DEL TORERO

Alfredo Corrochano Miranda

Publicado el 25 de enero de 2022
Abel Murillo Adame logo

Hijo del gran crítico taurino del diario <<ABC>>, don Gregorio Corrochano, torero quiso ser y se salió con la suya, a pesar de tener que luchar con el inconveniente del apellido, pues la gente, siempre suspicaz, propende a rebelarse contra todo lo que le parece nepotismo, y en el caso que nos ocupa creyó que Alfredo se abría paso merced a la influencia de su padre, cuando lo cierto era que toreaba muy bien, se arrimaba al toro, tenía afición y no pocos conocimientos y, sobre todo, dio repetidas pruebas de su vergüenza profesional, con la que venció la oposición sistemática que encontraba por el motivo expuesto. Nació en Madrid el 5 de octubre de 1912.

Toreó por primera vez en tal plaza como becerrista en 1928, y durante la temporada de 1929 formó pareja con Antonio Iglesias, primeramente, y después con Pepe Bienvenida, cuando éste empezó a torear como novillero por haber tomado la alternativa su hermano Manolo; desde 1930 se contrató sueldo, y como matador de novillos se presentó en la plaza madrileña el 19 de julio de 1931, para estoquear reses de don Esteban Hernández con Manuel Fuentes Bejarano y el citado Antonio Iglesias.
La lucida campaña que realizó en tal año, durante la cual toreó 32 funciones, le decidió a tomar la alternativa, que Marcial Lalanda le otorgó en Castellón de la Plana el 28 de febrero de 1932, mediante cesión del toro Pagador, de doña Carmen de Federico (Murube) y actuando Domingo Ortega como testigo.
Y al torear en Madrid el 12 de mayo siguiente, con Manolo Bienvenida y el mencionado Ortega, le fue confirmado el ascenso por el referido Manolo con toros de don Argimiro Pérez.
Desde tal año a 1935 despachó, por término medio, 16 corridas por temporada; después de torear media docena en 1936, marchó a América y toreando estuvo algún tiempo en Venezuela y el Ecuador; a su regreso colgó la ropa de torear; pero cátate; que a la vuelta de varios años, y sin saber a qué atribuir su decisión, reapareció en Oviedo el 26 de mayo de 1949, matando reses de Pérez de la Concha con Paco Muñoz y Manolo González, Dos Corridas más despachó en tal año, meditó bien su situación y se retiró definitivamente.
El percance más grave que sufrió –al que le arrastró su gran dignidad profesional– fue una cornada en el escroto, que le produjo un toro de Escudero, en Madrid, el 25 de marzo de 1934.

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