HISTORIA DEL TORERO

José García Carranza (Algabeño, Hijo)

Publicado el 15 de enero de 2022
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Ser hijo de un famoso matador de toros, sentir afición y familiarizar con todo lo que a la Tauromaquia se refiere en un ambiente propicio a todos los estímulos, son cosas que forzosamente han de inclinar a quien por ellas pasa a abrazar la peligrosa profesión contra viento y marea.

Y esto le ocurrió al hijo del Algabeño, el cual hubo de luchar, para satisfacer sus aspiraciones, con la tenaz oposición del autor de sus días. Nació en La Algaba (Sevilla) el 26 de febrero de 1902.

Desde que empezó tuvo mucho arraigo en el planeta de los toros, tanto por su abolengo como porque su prestancia realzaba la figura de buen mozo con que fue favorecido, y al presentarse en Madrid como novillero el 31 de agosto de 1922 –con Zurito y Montañesito y reses de Villamarta– fue acogido favorablemente. Un éxito muy lisonjero obtenido en la misma plaza el 16 de mayo de 1923 le determinó a tomar la alternativa en Valencia el 29 de junio siguiente de manos de Rafael el Gallo, que le cedió el toro Mariposo, de Campos Varela, actuando Juan Silveti de segundo espada.

Toreaba y mataba el hijo del Algabeño; por todo lo expuesto fue considerado en seguida una primera figura; el año 1924, con 59 corrida toreadas, apareció como el número uno; en 1925 toreó 52; fue bajando a 33, 25, 38 y 25 en los años siguientes, y en 1929 se desinfló, tal vez por la grave cornada que sufrió en Bayona el 8 de septiembre de tal año.

Se nos había olvidado consignar la alternativa que tomó en Valencia la confirmó en Madrid el 8 de mayo de 1924, actuando Chicuelo de padrino , Nacional II de testigo y lidiándose toros de doña Carmen de Federico.

En 1933 reapareció en los ruedos como rejoneador, y en 1934 fue objeto de una agresión, por parte de unos pistoleros, al salir de la plaza de Málaga.

Incorporado al Movimiento en Sevilla y sirviendo de enlace al general Queipo de Llano, halló muerte heroica en defensa de la Patria el 30 de diciembre de 1936.

Como torero, todo hay que decirlo, se esperó mucho más de él.

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