HISTORIA DEL TORERO

JOSÉ CARLOS FRITA FALCÃO

Publicado el 22 de septiembre de 2022
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Matador de toros portugués, nacido en Aldeia de Povõas (en los alrededores de Vila Franca de Xira) el 30 de agosto de 1944, y fallecido en Barcelona el 11 de agosto de 1944. En el planeta de los toros es conocido por su nombre castellanizado («José Falcón«). Matador de toros portugués, nacido en Aldeia de Povõas (en los alrededores de Vila Franca de Xira) el 30 de agosto de 1944, y fallecido en Barcelona el 11 de agosto de 1944. En el planeta de los toros es conocido por su nombre castellanizado («José Falcón«). Alentado por una temprana inclinación hacia el Arte de Cúchares, se forjó en las asperezas del oficio en tierras salmantinas, donde encontró el apoyo y la hospitalidad de algunos ganaderos charros que, como Fernando Pérez Tabernero y Pilar Población (propietarios de la vacada Hoyo de la Gitana), le permitieron pasar varios inviernos en sus fincas, entrenándose en la tienta de vacas bravas. Estos precoces ejercicios frente al duro ganado del encaste de Santa Coloma le acreditaron pronto como un aspirante a matador de toros sobrado de valor y de afición, por lo que poco a poco se le fueron abriendo puertas para ir desplegando una brillante trayectoria novilleril que tuvo su inicio el día 20 de mayo de 1962 en la localidad portuguesa de Montijo, donde se enfrentó con reses procedentes de la ganadería de la Sociedad Agrícola Río Frío. Tan clamoroso triunfo allanó el camino para que el afanoso novillero portugués compareciera, de una vez por todas, ante la primera afición del mundo; y así, el día 19 de marzo de 1968 se vistió de luces para hollar, por vez primera, el redondel de la plaza Monumental de Las Ventas, donde alternó con Bienvenido Luján y Gregorio Lalanda para dar la razón a quienes, un año antes, habían elogiado su actuación en el coso de Vista Alegre. En efecto, aquella tarde de su presentación en el coliseo capitalino «José Falcón» cortó tres orejas y cruzó a hombros el dintel de la Puerta Grande, dando con ello indicios de que se estaba forjando uno de los diestros más capacitados para resucitar el antiguo esplendor del toreo lusitano. Pero, al mismo tiempo, a lo largo de aquella temporada quedó también manifiesto el gran peligro que corría un torero tan valiente como «José Falcón» ante las astas de los toros, que le propinaron sendas cornadas de gravedad en Bilbao y en Badajoz. Ante la evidencia de haber alcanzado ya la plena madurez en el escalafón novilleril, en el transcurso de aquella misma temporada de 1968 el diestro portugués decidió afrontar el gran paso que habría de convertirle en matador de toros. Y así, el día 23 de junio de dicho año, en el coliseo taurino de Badajoz, recibió la alternativa de manos de su padrino, el afamado espada sevillano Francisco Camino Sánchez («Paco Camino«); el cual, bajo la atenta mirada del malogrado lidiador gaditano Francisco Rivera Pérez («Paquirri«), que hacía las veces de testigo en tan emotiva ceremonia, puso en manos del toricantano la muleta y el estoque con los que había de trastear y despenar a un astado criado en las dehesas lusitanas de don Alberto Cunhal Patricio, que atendía a la voz de Norteño. La confirmación de la validez de este título de doctor en Tauromaquia tuvo lugar -como es preceptivo- en las arenas de la Monumental de Las Ventas, donde «José Falcón» volvió a hacer el paseíllo el día 27 de julio de 1969, apadrinado ahora por matador toledano Vicente Punzón Verbo, y acompañados ambos por el coletudo salmantino Aurelio García PomboGarcía Higares«), que comparecía en calidad de testigo. Los méritos acreditados hasta entonces por José Carlos Frita Falcão hacen inexplicable que su confirmación de alternativa en Madrid viniera anunciada en un cartel tan pobre, en el que no hubo lugar para el lucimiento de ninguno de los tres espadas. Tal vez consciente de esta injusticia, la empresa que administraba el coliseo capitalino premio el valor demostrado aquella tarde por «José Falcón» con una nueva oferta para torear en Madrid a la semana siguiente (3 de agosto de 1969), que a su vez justificó la repetición del diestro lusitano en los carteles venteños del día 7 de septiembre. Aquella tarde, «José Falcón» recitó ante el riguroso público madrileño dos soberbias lecciones de oficio, valor y dominio que fueron recompensadas con la entrega de sendas orejas y una nueva salida a hombros por la Puerta Grande. Se consolidaba, con este clamoroso triunfo, «José Falcón» como el matador de toros portugués más relevante de la época. De ello dieron fe las veintiséis corridas que toreó en suelo español durante aquella campaña de 1969, cifra que ascendió hasta la treintena durante la siguiente temporada de 1970, al término de la cual, situado en los puestos intermedios del escalafón superior, cruzó el Atlántico y confirmó su alternativa en la plaza Monumental de México, donde contó con el padrinazgo del famoso espada catalán Joaquín Bernadó y Bartomeu y con el testimonio de gran torero azteca Antonio Lomelín Migoni. Corría, a la sazón, el día 13 de diciembre de 1970, y antes de que hubiera transcurrido un mes (concretamente, el día 1 de enero del años siguiente), José Carlos Frita ya había vuelto a sentir, ahora por vez primera en suelo hispanoamericano, el dolor violento y repentino de la cornada. Cayó herido, en efecto, de gravedad en el redondel taurino de Irapuato el primer día de aquel año de 1971, en el que, ya de nuevo en España, logró su inclusión en una corrida del ciclo ferial madrileño. Pero otra vez la adversidad, prendida en los pitones de las reses bravas, se conjuró en su contra para quebrar su buena racha con una dura cornada, ahora inferida por un toro marcado con el hierro de Celestino Cuadri. Su tesón y su coraje, aliados con el inmenso valor que había demostrado desde los inicios de su andadura taurina, le suministraron las fuerzas necesarias para reponerse de estos graves percances y continuar anunciándose con gran cartel en las principales plazas de España, país en el que se había asentado definitivamente a raíz de su matrimonio con la hija de un gran aficionado a los toros, propietario del prestigioso restaurante taurino de la Ciudad Condal Casa Leopoldo. Y precisamente se hallaba en Barcelona el día 11 de agosto de 1974, fecha en la que estaba anunciado junto al sevillano Manuel Cortés de los Santos («Manolo Cortés«) y el jiennense Francisco Bautista Cruz («Paco Bautista«), para hacer frente a un encierro marcado con uno de los hierros más entrañables para el desventurado «José Falcón«: el de Hoyo de la Gitana, propiedad de aquellos ganaderos salmantinos que le había permitido tentar vacas en sus fincas durante el áspero período de aprendizaje novilleril. Actuaba también aquella tarde en el anillo de la plaza Monumental de Barcelona el caballero rejoneador jerezano Álvaro Domecq Romero, en una de esas corridas mixtas que tanto público llevaron a las plazas en la década de los años setenta. En tercer lugar, después del toro sometido a lidia ecuestre y del despachado por «Manolo Cortés«, salió a la arena barcelonesa Cucharero, un burel negro de capa, de quinientos seis kilos de peso, perteneciente a la vacada de los citados Fernando Pérez Tabernero y Pilar Población, protectores y amigos del malogrado espada lusitano. La lidia transcurrió dentro de sus pautas habituales hasta el comienzo del último tercio, cuando «José Falcón» se echó la muleta a la mano izquierda y citó de frente y por derecho al toro, con la intención de iniciar una serie de naturales sujetos a los estrictos cánones del arte y la técnica taurinas. Cucharero respondió al engaño mostrado por «José Falcón» y se arrancó con furia, pero a mitad de recorrido varió el rumbo de su embestida, se coló bruscamente por el pitón izquierdo y asestó al torero luso una terrorífica cornada en el muslo que le desgarró la arteria femoral. Trasladado con urgencia a las dependencias médicas de la plaza, el equipo facultativo de la Monumental de Barcelona luchó lo indecible por mantener las constantes vitales del aguerrido torero de Vila Franca, quien, a pesar de la extrema gravedad de su estado, opuso tenaz resistencia a la muerte durante varias horas. Por desgracia, sus lesiones podían calificarse de mortales de necesidad en aquellos tiempos, y el desenlace fatal se produjo a las once horas de aquel mismo día 7 de agosto de 1974, dentro de la enfermería del coliseo barcelonés.

Texto Extraído de www.mcnbiografias.com

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