HISTORIA DEL TORERO

FRANCISCO RIVERA PÉREZ (Paquirri)

Publicado el 27 de marzo de 2022
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Si, con las facultades de un Plutarco, hubiéramos de escribir unas <<vidas paralelas>> de toreros, compararíamos a este diestro con el apodado Saleri II, aquel que en los años de 1915 a 1920 hizo frecuentemente de <<tercer hombre>> con Joselito y Belmonte y llegó a torear 72 corridas en el año 1918.

Fue hijo del novillero Antonio Rivera Alvarado (Barbate17 de febrero de 1920 – Cádiz10 de noviembre de 2009), quien era el encargado del matadero municipal de Barbate, donde Paquirri y su hermano, el también matador José Rivera «Riverita», comenzaron a torear. Creció cerca de ambientes toreros. Recibió influencias de Rafael Ortega «El Gallo», y de Miguelín. Su madre fue Agustina Pérez Núñez (Tarifa, 1922-1977), quien tenía una hermana, Lucrecia (n. 1931), madrina de Paquirri.

Se crio en Barbate (Cádiz), donde debutó el 16 de agosto de 1962 enfrentándose a reses de la ganadería de Núñez Polavieja. El 28 de junio de 1964 debutaba en una novillada con caballos en la plaza de toros de Cádiz. Alternó con José González Copano y Rafael Jiménez Márquez, en un encierro con reses de la vacada del marqués de Villamarta. ​ En Sevilla el 1 de mayo de 1966 cortó tres orejas en una novillada en la que le acompañaron Pepe Luis Segura y Manolo Sanlúcar.


Contrajo matrimonio el 16 de febrero de 1973 con Carmen Ordóñez,

hija del también torero Antonio Ordóñez, en la basílica de San Francisco el Grande de Madrid. Fruto de este matrimonio nacieron dos hijos, ambos toreros, llamados Francisco y Cayetano. Paquirri y Carmen pusieron fin a su matrimonio en 1979.​

El 30 de abril de 1983 se volvió a casar, en esta ocasión con la cantante Isabel Pantoja, en la basílica de Jesús del Gran Poder de Sevilla. Este matrimonio solo tuvo un hijo: Francisco José Rivera Pantoja. Entre ambos matrimonios mantuvo también una relación con Bárbara Rey y luego con la cantante Lolita Flores, hija de Lola Flores.​

Porque Paquirri, lo mismo que él, torea, banderillea y mata; todo lo hace bien y con desahogo; todo lo halla fácil; nada se le resiste y es uno de los que más corridas suman; pero, lo mismo que Saleri II, carece de sello personal. ¡Ah! Pero conste que aquel Saleri era, como banderilleo, mucho mejor que él.

Nació en Zahara (Cádiz) el 24 de marzo de 1948 y no toreó en Madrid como novillero, con cuya categoría tuvo bastante circulación, y el 11 de agosto de 1966 tomó la alternativa en Barcelona de manos de Paco Camino, con el Viti de testigo y toros de Urquijo, grado que confirmó al presentarse en Madrid el 18 de mayo de 1967, actuando el mismo Camino de maestro de ceremonia, José Fuentes de segundo matador y lidiándose toros de don Juan Pedro Domecq.

En 1966 toreó 19 corridas; en 1967, 67; en 1968, 69, y en 1969, 70.

«Doctor, yo quiero hablar con usted o no me voy a quedar tranquilo. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias, una para acá y otra para allá. Abra todo lo que tenga que abrir, lo demás está en sus manos. Y tranquilo, doctor».

El torero no pudo ser bien atendido debido a las limitaciones de la enfermería y, sin poder contenerle la hemorragia, el doctor Eliseo Morán le hizo una cura de urgencia y dada la extrema gravedad del torero, ordenó su traslado inmediato al Hospital Reina Sofía de Córdoba. Los doctores Ruiz y Fumes acompañaron al herido en la ambulancia. Ya cerca de Córdoba sufrió un paro cardíaco y en un intento desesperado de salvarle la vida decidieron ingresarlo en el Hospital Militar por encontrarse más cerca, donde falleció. En las diligencias judiciales consta que Paquirri murió por un shock hipovolémico intenso por hemorragia masiva y rápida.​ Dos días después miles de personas le dieron el último adiós en la Plaza de la Maestranza de Sevilla. Fue sepultado en el Cementerio de San Fernando.​

Aunque según el médico que lo atendió la cornada no era mortal, la muerte del torero se debió a un fatal cúmulo de circunstancias: los servicios sanitarios con que contaba la plaza eran muy limitados, fue trasladado en una ambulancia convencional y la carretera que unía ambas localidades estaba en malas condiciones. La trascendencia que su muerte tuvo en la prensa contribuyó a cambiar la legislación de espectáculos taurinos obligando a que las plazas de todas las categorías dispusieran de Unidades de Vigilancia Intensiva móviles, y a que las plazas de 1.ª y 2.ª categorías contaran con quirófanos convenientemente equipados.

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