HISTORIA DEL TORERO

Antonio Márquez Serrano

Publicado el 11 de enero de 2022
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A este diestro –nacido en Madrid el 23 de 1899– hay que hacerle sitio entre las figuras más sobresalientes de los años que corren desde 1921 a 1930.

Se presentó en el ruedo de dicha capital como novillero el 17 de octubre de 1920, estoqueando con Jumillano y Valencia II ganado de Matías Sánchez; tomó la alternativa en Barcelona el 24 de septiembre de 1921, al cederle Juan Belmonte el toro Molinero, de González Nandín, en cuya corrida actuaron también los espadas Sánchez Mejía y Granero; el año 1922 no pudo torear por hacer el servicio militar en el ejército de operaciones en Marruecos, y el 17 de mayo de 1923 confirmó su doctorado en Madrid, en una corrida de Beneficencia, alternando, con Maera –maestro de ceremonia–, Marcial Lalanda y Villalta, cuyo cuarteto dio cuenta de cuatro toros de Villamarta y cuatro de Contreras.
Hasta aquí su ficha.
Digamos ahora que labró su personalidad merced a la elegancia y el clasicismo que supo imprimir a sus verónicas y sus pases de muleta; fue notabilísimo banderillero lo mismo practicando el quiebro que yendo a los toros de frente –que es como se debe ir, y no trazando círculos como el caballo de un rejoneador–, y mató frecuentemente ejecutando el volapié sin mixtificaciones. ¿Qué le faltó, pues, a Antonio Márquez?
Le faltó el calor y la vibración que debe tener toda obra que se realiza para producir encendido arrebato, y aunque su arte no podía desvanecerse, por ser puro, el que lo practicaba no sintió ganas de pelea.
Aunque toreó hasta el año 1936, cuando virtualmente terminó su período de mayor actividad fue en 1930.
Terminamos diciendo que su arte se abrió a los estímulos de la influencia belmontina, y por esto, acaso, llamaron algunos a Antonio Márquez <<el Belmonte rubio>>.

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