HISTORIA DEL TORERO

Antonio Montes y Vico

Publicado el 29 de diciembre de 2021
Abel Murillo Adame logo

Como torero excepcional fue considerado por algunos este sevillano, pero otros se lo negaban todo. Y los dos bandos tenían razón para mantener sus posiciones.

Lo que pasaba era que conocía muy bien las condiciones de las reses, y de la que no veía fácil desistía de sacar partido, sin intentar, nada con ella; pero si advertía que de un toro había probabilidad de obtener un triunfo, se jugaba con él cuanto tenía, hacía un derroche de pasmosa serenidad y realizaba faenas que entusiasmaban a sus partidarios.
Tuvo bien acusada personalidad y fue, en cierto modo, un precursor de las normas belmontinas. Dejaba llegar mucho al toro, hasta producir honda emoción, cargaba la suerte en aquel momento, enterraba los talones en la arena y los lances de capa o los pases adquirían un relieve poderosísimo. Pero era muy desigual, y sólo de tarde era <<verdad tanta belleza>>.

Nació en Sevilla el 20 de diciembre de 1876; se dio a conocer en Madrid el 13 de noviembre de 1898, estoqueando él sólo cuatro toros veragüeños; se doctoró con gran éxito en Sevilla el 2 de abril de 1899, por cesión que le hizo Antonio Fuentes del toro Borracho, de Otaolaurruchi, y esta alternativa se la confirmó en Madrid Lagartijillo con toros de veragua y Bombita de segundo matador.

El 13 de enero de 1907, toreando en la capital de Méjico con Fuentes y Bombita (Ricardo), el segundo toro de la tarde, de la ganadería de Tepeyahualco, llamado Matajaca, le cogió al darle una estocada y le infirió tan grave herida, que le causó la muerte el 17 del mismo mes.

Depositado su cadáver en el Panteón Español, en espera de ser trasladado a España, se declaró un incendió en dicho lugar y quedó reducido a cenizas el cuerpo del infortunado torero, cuyos restos fueron traídos a Sevilla.

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