HISTORIA DEL TORERO

Juan Rodríguez

Publicado el 11 de diciembre de 2021
Abel Murillo Adame logo

Matador de toros sevillano y el primero de este apellido y Familia que había de Inmortalizar en la tauromaquia su hijo Costillares. En 1734 actúa como espada en Aranjuez, en la plaza del mar de Ontígola, y le concedió una pensión de 100 ducados por decreto de 18 de junio de 1734. Es de notar que al mencionársele fuera de su región nativa le adjudican el apodo de El Sevillano. En 1738 figura como capeador en fiestas de toros de Sevilla, según consta en una descripción de las celebradas ese año los días 24 y 25 de octubre. A esta época debe referirse una anécdota que nos cuenta don José Daza en su libro Precisos manejos… <<En los tiempos de su juventud –dice—salió a acompañar de chulo a un caballero en fiestas reales y de la misma Sevilla, y un soberbio toro derribó al caballo, y cuando lo estaba friendo a cornadas, le echó mano a las astas Rodríguez y lo tuvo a raya, como si fuera atado a un firma muro, dando tiempo al caballero a que volviese a montar, y a que la gentes le perpetuasen a él los merecidos aplausos>>. Al hacer este relato añade Daza estas misteriosas palabras que parecen atribuir un origen ilustre, aunque ilegal, a su nacimiento: <<Siendo cierto que los pensamientos y acciones de este hombre indican residir en él, aunque disfrazadas, otras mayores circunstancias>>. Hacia el año 1778, en que Daza escribía su libro, vivía aún Juan Rodríguez, ya ancianísimo. Por ello no me atrevo a asegurar que el matador de toros que en 1764 actúa en Sevilla sea este mismo Juan Rodríguez o acaso algún hijo suyo, si bien no es inverosímil que fuera él mismo, ya que el propio Daza nos informa de su salud y fortaleza en aquel tiempo. A este efecto, cuenta que aquel mismo año <<se desbarró un toro del encierro de Sevilla, y pilló a un diestro aficionado de Jerez, que le acompañaba; echó mano a su capa de paño, se le quitó de encima y rindió a suertes. Mas viendo yo el aprieto en que estaba acerqué el caballo a socorrerlo; pero le sobraron facultades para defender y defenderse>>. Debió ser grande su habilidad, y ser figura capital en el tiempo, oscuro para la historia del toreo, en que floreció. El mismo Daza, que nos ha conservado lo más de su memoria, juzga así de su habilidad y su carácter: << Vive Juan Rodríguez, a quien juzgo en edad más que octogenaria, que por su robusta y primorosa habilidad, grandes talentos y apreciables prendas, se granjeó y granjea, de los que trata y no trata, las mayores atenciones, y de los del Arte una respetuosa obediencia a sus doctrinas, que en toros valientes y dificultosos acuden los más hábiles a consultarle como a oráculo>>. A más de todo esto, le da lugar distinguido en el toreo haber sido el primero que hace sonar el apellido de la dinastía de que había de ser cumbre Joaquín Rodríguez, Costillares.

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