HISTORIA DEL TORERO

Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén)

Publicado el 15 de diciembre de 2021
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Fue lidiador de abolengo, pues sus padres pertenecían a familias toreras, vio la luz en Utrera (Sevilla) el 16 de noviembre de 1783, y su garbo torero, su capacidad de lidiador y su carácter expansivo le prestaron enorme popularidad.

Era, además. tan valiente, que sin haber sufrido percances de consideración le vaticinaron sus contemporáneos un trágico fin.

Mientras duró la invasión francesa, toreó con su maestro, Jerónimo José Cándido, en Madrid las corridas napoleónicas.

Su prestigio culminó al restablecerse las corridas de toros en el año 1814; durante un período de seis años fue el que más atrajo a los públicos y el que más guapezas realizaba en los ruedos, y su brío, mezclado con majeza, rumbo y gallardía hicieron todo o demás para que las multitudes se le rindieran, pues sabido es con cuánta elocuencia ha hablado siempre a las mismas el diestro que ha sabido ser genuino condensados de esos aspectos típicos.

Por eso la musa popular le dedicó la copla que dice:

<<Bien puede decir que ha visto cuanto en el mundo hay que ver quien ha vito matar toros al señor Curro Guillén.>>

Toreando en Ronda el día 20 de mayo de 1820, un toro de a ganadería de Cabrera le cogió al dar un pinchazo en la suerte de recibir y le infirió una cornada en el vació derecho de la que falleció a los pocos minutos. Su discípulo y banderillero Juan León se agarró al cuerno derecho para ver si el toro abandonaba su presa; momento hubo en que los dos diestros estuvieron suspendidos por aquél; pero todo fue inútil.

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