HISTORIA DEL TORERO

ANASTASIO CASTILLA SAAVEDRA

Publicado el 6 de julio de 2025
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Matador de novillos, natural de Valladolid, fue cortador en los comienzos de su vida, pues que al gremio de expendedores de carnes pertenecía toda su familia. Sobrino del entonces empresario de la plaza vallisoletana, y de muchas del norte de España, el ambiente que vivía le infiltró pronto la afición al toreo. En sus más allegados encontró una relativa oposición; pero vencida esta, halló facilidades sin cuento en las plazas de Valladolid y limítrofes, que explotaba su tío. Su revelación fue en una becerrada a beneficio del gremio de cortadores; por cierto que en aquella tarde el buen éxito se vio amargado por un accidente sensible: Castilla se clavó el arpón de una banderilla en el muslo derecho y para su extracción tuvo que sufrir una operación dolorosamente. La primera vez que le veo anunciado es en la plaza de Valladolid el 28 de julio de 1895, que es, según mis informes, la primera vez que viste de torero. Justificadamente adquiera crédito y gran cartel como novillero y torea mucho en los años siguientes, adquiriendo fama en toda España, y muy especialmente en Barcelona, donde actúa con gran frecuencia. Es un hecho cierto que le cuesta gran trabajo llegar a la de Madrid, en la que se presentó por primera vez el 11 de noviembre de 1900, toreando, en unión de Germán Sánchez, Serenito, novillos de Anastasio Martin. Le tocó un toro colorado y desarrollado de pitones, que hubo de ser fogueado, al que mató de media estocada y una delantera, arrancando a herir desde cerca, por lo que fue muy aplaudido. Trabajó en la plaza madrileña en aquel mes y el siguiente alguna novillada más, y toreó la del 30 de diciembre de aquel año 1900, siendo el primer espada Antonio Segura, Segurita, por lo que Castilla mató en la plaza de Madrid el último toro de la corrida final del siglo XIX, toro, o novillo, que perteneció a la ganadería de don Juan Muriel, del campo de Salamanca. También tomó parte en la primera corrida del siglo XX, en Madrid, alternando con Fernando Herrero, Cantaritos, en la muerte de novillos de don Filiberto Mira, de Portugal. Siguió toreando bastante en los siguientes años, hasta el 24 de mayo de 1906, que mató el sexto toro de la tarde, de don Juan Sánchez, de Carreros (Salamanca), en corrida en que actuó solo como matador, y por cierto con extraordinario lucimiento, el espada Antonio Fuentes. En esta corrida figuraba Castilla como <<sobresaliente>>. Fuentes, que fue siempre buen amigo de Castilla, y su consejero en lo taurino, le hizo esta merced, Fue la última vez que Castilla se vistió de torero. Aquel mismo año, el 22 de septiembre, falleció víctima de la tuberculosis, bajo cuya pesadumbre había vivido y actuando en toda su vida taurina. El justiciero y buen crítico taurino Pedro Carreño dice de Castilla lo siguiente: <<Fue Castilla un torero de excepcionales características, a quien su precaria salud impidió escalar un primer puesto en la torería de la época. Torero de finísimo estilo, de temple exquisito, constituían sus lances con el capote la máxima elegancia. Su muleta era sobria y clásica. Con el estoque no se distinguió, quizá por la razón apuntada de su falta de facultades. Hubiera llegado fácilmente a matador de toros de primera línea si su afición y entusiasmo no se hubieran visto frenados constantemente por la pertinaz dolencia que al fin segó su vida en plena juventud>>.

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