HISTORIA DEL TORERO

JOSÉ ANTONIO CARRETERO PÉREZ

Publicado el 27 de junio de 2022
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Matador de toros español, nacido en Madridejos (Toledo) el 11 de agosto de 1967. Alentado por una firme vocación taurina, antes de haber cumplido los catorce años de edad ya se encontraba inscrito en la Escuela de Tauromaquia de Madrid, donde aprendió los fundamentos básicos de la lidia sin atravesar por el acostumbrado calvario de penalidades que marcaba los duros comienzos de los novilleros de antaño.En vista del aprovechamiento mostrado en las clases de la citada academia del Arte de Cúchares, pronto se le ofrecieron oportunidades para empezar a foguearse en diferentes festejos menores, como el que en junio de 1983 le llevó hasta el coso manchego de Albacete para tomar parte en una becerrada en la que se jugaron reses procedentes de la ganadería de don Tomás Sánchez Cajo. No anduvo deslucido el joven aspirante toledano, y tampoco defraudó en las restantes ofertas que le cayeron en el resto de año; de ahí que, ya con un cierto renombre, se le presentase al año siguiente la ocasión de comparecer, en la plaza Monumental de Las Ventas, ante la primera afición del mundo.Y así, en efecto, el día 12 de julio de 1984, dentro de un ciclo de novilladas veraniegas organizadas para promocionar las trayectorias incipientes de las jóvenes promesas del momento, José Antonio Carretero cruzó el redondel madrileño para enfrentarse -todavía sin el concurso de los subalternos del castoreño- con dos novillos criados en las dehesas de Pablo Mayoral, a los que enjaretó sendas faenas espléndidas ante la mirada de sus dos compañeros de cartel, José Andrés González y Rafael Valencia. El revuelo causado por este precoz éxito del aguerrido aprendiz de torero (que aún no había alcanzado los diecisiete años de edad) aconsejó a la empresa de Las Ventas anunciarle de nuevo en los carteles de la capital los días 9 y 23 de agosto de aquel mismo verano.Pero su triunfo más resonante durante esta primera etapa de su andadura taurina aún estaba por llegar. Al mes siguiente de esta intervenciones en la plaza madrileña (concretamente, el día 16 de septiembre de aquel año de 1984), José Antonio Carretero hizo el paseíllo en el pequeño coso de su pueblo natal, donde volvió a realizar otras dos faenas deslumbrantes que le valieron la recompensa de tres apéndices auriculares y un rabo. Se jugó aquella tarde un encierro adornado con la divisa de don Román Sorando, y el delirio de los paisanos del joven novillero llegó a todos los hogares del país, pues se dio la feliz circunstancia de que el festejo fue retransmitido por televisión.La difusión de este éxito le permitió realizar una brillante campaña novilleril durante el año de 1985, para afrontar el siguiente con la esperanza de ver colmado su mayor sueño de infancia: acceder al escalafón superior de los matadores de toros. Así las cosas, el día 22 de mayo de 1986, en el transcurso del ciclo ferial consagrado a la memoria del patrón madrileño, José Antonio Carretero se enfundó el terno de alamares en Madrid dispuesto a recibir la alternativa que había de otorgarle su padrino, el célebre lidiador salmantino Pedro Gutiérrez Moya («Niño de la Capea»); el cual, bajo la atenta mirada del no menos afamado espada cartagenero José Ortega Cano, que comparecía en calidad de testigo, cedió al toricantano la muleta y el estoque con los que había de trastear y despenar a Peluquero, un astado castaño, de quinientos diez kilos de peso, que había pastado en las dehesas de don Baltasar Ibán. Anduvo inspirado el diestro de Madridejos en la lidia del toro de su doctorado, aunque no se llevó ningún trofeo aquella tarde de su alternativa.Durante las campañas siguientes, José Antonio Carretero no defraudó a quienes habían visto en él una figura en ciernes. Pero las dificultades para entrar en los circuitos comerciales del enrarecido mundillo taurino -tan habituales en los toreros modestos como él- provocaron que, poco a poco, fuera menguando el número de contratos presentados en el despacho de su apoderado. Este progresivo declive en su carrera fue relegándole, a medida que transcurrían las temporadas, a los últimos puestos del escalafón, en los que seguía luchando a mediados de los años noventa (así, v. gr., en la campaña de 1994 sólo se vistió de luces en nueve ocasiones).

«Fuente: Texto Extraido de www.mcnbiografias.com

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