
Matador de novillos nacido en Quintanilla del Olmo (Zamora) el 14 de febrero de 1891. Trasladado con su familia a Madrid, donde su padre abrió un taller de carpintería, comenzó a estudiar, y hubo de abandonar los estudios para ayudar al autor de sus días en el taller. Como tantos otros jóvenes, le invadió la fiebre torera y comenzó a hacer sus salidas por las capeas de los pueblos de la provincia de Madrid. Estoqueando ganado de casta anónima, corrido y vuelto a correr, resabiado y malo, el toreo de Valentín no pasó de ser rudo y vulgar, aunque al joven diestro le sobraban voluntad y valor. El 25 de marzo de 1895 hizo su presentación en la plaza de Madrid, y solo volvió a pisar su ruedo en contadas ocasiones, porque su labor dejaba mucho que desear en cuanto a bella y equilibrada. Siguió, pues, toreando por las plazas pueblerinas. En Villa del Prado, donde había trabajado repetidas veces y se le tenía en gran estima, se celebró una novillada el 9 de septiembre de 1899. Al dar un lance de capa Valentín a uno de los novillos, fue cogido y empuntado por el cuello, quedando suspendido unos segundos. Cuando cayó despedido sobre la arena, se incorporó, echase las manos sobre la herida, de la que manaba la sangre a borbotones, y cayó en brazos de sus compañeros. Conducido a una casa inmediata a la plaza, se le apreció la rotura de la yugular, y a los pocos minutos dejó de existir. Valentín Conde era un torero que se desenvolvía bien en una esfera modesta del arte a que estaba dedicado. Además de la profesión que le costó la vida, fue colaborador del periódico taurino El Enano, donde se distinguió como un versificador fácil.

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