
Matador de novillos, natural de México. Abandonó los estudios por el capote, y empezó el arriesgado ejercicio en las haciendas de su tierra. Más tarde torea en plazas de los Estados mexicanos y se hace aplaudir calurosamente por el valor y el arte que prodiga en sus faenas. El 15 de febrero de 1914 se celebró en la plaza El Toreo una corrida, en la que actuaron con él Llaverito, Samuel Solís y Chanito, asignándose dos premios: uno para el mejor torero y otro para el mejor estoqueador. Fue tan brillante la labor realizada por Freg, que se le concedieron los dos premios en medio de una ovación clamorosa. A poco viene a España con sus hermanos Luis y Alfredo, y su primera actuación la lleva a cabo en Bilbao el 12 de abril del citado 1914, estoqueando novillos de Surga y afirmando en la afición española la buena fama que tenía en América. Después de trabajar en varias plazas, se presente en la de Barcelona el 14 de junio Y cosecha muchos aplausos, alternando con Manolete II y Eusebio Fuentes. En Madrid aparece por vez primera el 5 de julio en unión de Saleri II y Valencia. El ganado, de Pérez Tabernero, resultó malo, y apenas pudo dejar entrever Miguel el artista que era. Vuelve a torear en la plaza madrileña el 12 del mismo mes con reses de Contreras. Fue su última corrida: salió el toro que le correspondía en primer lugar, y se dirigió a su encuentro ansioso de hacer grandes cosas. Con el toro ceñido a la cintura, dio cinco verónicas superiores, y los aplausos sonaron estruendosos. El novillo llegó receloso al último tercio, y Freg, que vio que huía de los pases, le dio un pinchazo en cuanto lo halló igualado; el novillo se situó junto a la puerta del chiquero, y allí comenzó Miguel una valiente faena de muleta. No teniendo en cuenta el peligroso terreno en que iba a estoquear, se perfiló, y entrando despacio dejó una estocada, pero el toro le vio venir, y en uno de los derrotes que tiró al hacerse con él, alcanzándole el cuello, le causó una gran herida en la región infrahioidea, que llegaba hasta la apófisis de las vértebras cervicales; Freg entró rápidamente en la enfermería con las manos en la herida, y a los quince minutos del accidente dejaba de existir. Durante la lidia del cuarto novillo cundió por la plaza la noticia de su muerte, y el público hizo que se suspendiera la corrida, cosa que se realizó aquella tarde por vez primera en la plaza de Madrid, Miguel Freg era una esperanza de las grandes y el torero mexicano más completo de aquellos tiempos.


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