HISTORIA DEL TORERO

MANUEL FRANCO CEBALLOS (Cárdeño)

Publicado el 26 de julio de 2026
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Matador de novillos, nacido en Sanlúcar de Barrameda el 5 de agosto de 1921 y emparentado con modestos lidiadores. Se dedicó en un principio a las faenas agrícolas, y el el hecho de desarrollarse estas en zona de ganaderías bravas le depara la ocasión de enfrentarse frecuentemente en el campo con las reses. Y es así como en plena naturaleza y en la ganadería de Villamarta hace Manuel Franco su primer aprendizaje. Pasa luego a prestar sus servicios a la finca Gómez Cardeña, propiedad de Juan Belmonte, y por El Cárdeño empieza a ser conocido. El ambiente continuaba siendo propicio para el desarrollo de su afición, por lo que decidió dedicarse totalmente al toreo como profesional. Viste su primer traje de luces en Córdoba la noche del 18 de julio de 1940, alternando con Luis Rivas y Manuel de la Rosa en la lidia de reses de Antillón. Sus primeras temporadas actúa espaciadamente. El 10 de mayo de 1942 torea en la plaza de Sevilla, presentándose en la plaza de Madrid, en novillada sin picadores, el 2 de diciembre de 1945, estoqueando reses de Miguel Prieto, con Niño del Barrio II y José Salvador, Pepillo. En aquella ocasión se muestra valiente ante los novillos, mostrándonos en su estilo unas vagas reminiscencias belmontinas. Le repitieron el 11 del mismo mes, con Juan Martínez y José Ripoll y novillos de los herederos de Nicanor Villa. Tres novilladas torean dicho año y dos el siguiente. El año 1947 señala la cúspide de su carrera, con veintinueve funciones toreadas, entre ellas la de su presentación en Madrid con picadores, que tuvo lugar el 10 de agosto, lidiando reses de don Ignacio Sánchez y Sánchez en unión de Gabriel Pericas y Luis Peña. Estuvo muy valiente y cortó la oreja de uno de sus novillos. Veinte corridas torean en 1948, once en 1949, seis en 1950 y tres en 1951. Retirado del toreo activo fue asesor de espectáculos taurinos hasta su fallecimiento, ocurrido en noviembre de 1977 en su natal Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Fue Cárdeño un novillero que llegó a interesar sinceramente a los aficionados, pero el hecho de que no consiguiera afinar su estilo, despojándolo de todos los vicios del toreo campero –que solo son virtudes cuando en el campo se practica–, rémora de su aprendizaje, fue poderoso obstáculo para que progresase en la profesión.

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