HISTORIA DEL TORERO

ANTONIO CARPIÓ ARIUS

Publicado el 1 de junio de 2025
Abel Murillo Adame logo

Matador de novillos, nacido en Catarroja (Valencia) el 11 de enero de 1895. Estudió la carrera del Magisterio, que comenzó a ejercer en el pueblo de su nacimiento. Presenciaba un día una novilladas en Valencia y se sintió atraído irresistiblemente a los toros, decidiéndose a ello sin otra cosa que un valor ilimitado y un entusiasmo muy grande. El 14 de marzo de 1915 se presentó en Barcelona y alternó con Cortijano y El Andaluz en la muerte de reses de Medina Garvey. Al pasar de muleta a su primero resultó cogido, pero tumbó al novillo de un pinchazo y una estocada delantera. Saliendo a cogida por corrida, toreó bastante, ya que se ceñía temerariamente con la capa. Al estoquear entraba directamente, lleno de inconsciencia, al morrillo, sin preocuparse de bajar la mano izquierda ni de esquivar los pitones. En Madrid no cuajó su toreo brutal e ignorante, y ante los públicos que toreaba levantaba el presentimiento de una desgracia. Y la desgracia llegó: llevaba toreadas veintiséis corridas, tenía firmadas cerca de igual número de contratas y pensaba doctorarse en Madrid para la segunda temporada de 1917. El 27 de agosto de 1916 se celebró una novillada en Astorga. El novillo que le produjo la muerte era de la ganadería de Rivas. <<Antonio Carpió –reseñó la revista Sol y Sombra– le había toreado por verónicas apretándose de verdad, levantando al público de sus asientos por la temeridad y arrojo del diestro. Al rematar tan valiente faena con media verónica, fue alcanzado, siendo herido en la región glútea, negándose a pasar a la enfermería. Muy parado y derrochando valor empezó a muletear. Dando cuatro pases buenísimos, para entrar de ceca y señalar un buen pinchazo. El novillo estaba muy reservó y adelantaba del lado derecho, y acercándose Carpió de nuevo obligó con el cuerpo y la franela a que embistiera el adversario. Al cambiar la muleta de mano se le arrancó el criminal, y cogiéndole de lleno le ocasionó la terrible cornada que le produjo la muerte. El infortunado Carpió se levantó, dispuesto, sin duda, y más valiente, a continuar, pero bien pronto cayó en brazos de las asistencias, que lo condujeron a la enfermería. Los médicos procedieron a hacerle una cura de urgencia, y ordenaron el traslado del herido al hospital. En la Casa de Misericordia se agravó tanto, que después de recibir los auxilios espirituales, entregó su alma a Dios a la diez y medias de la noche>>. Antonio Carpió pasó fugaz y atropelladamente por las plazas. El ejemplo de Belmonte en pleno éxito le hizo creer, e hizo creer a algunos, que el caso genial del trianero podía repetirse con facilidad. La muerte de Carpió fue ejemplar en este sentido, y produjo la más viva impresión entre los aficionados.

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