HISTORIA DEL TORERO

JULIO APARICIO MARTÍNEZ

Publicado el 16 de febrero de 2022
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A una primera figura moderna corresponde desfilar ahora, diestro nacido en Madrid el 13 de febrero de 1932 y con fama de torero hábil e inteligente desde que empezó la profesión.

Hizo su presentación en Madrid como novillero el 19 de junio de 1949, para estoquear reses de don Antonio Pérez con Luis Rivas y Pablo Lalanda.

En tal año sumó 72 novilladas, cifra que da idea de la que, formando pareja con Litri, alcanzó 90. Durante dicha temporada constituyeron uno y otro la principal atracción, y los dos tomaron la alternativa en la plaza de Valencia y en la misma corrida el día 12 de octubre, ambos de manos de Cagancho. El toro que éste cedió a Aparecio llevaba por nombre Farruquero y pertenecía, como todos los de la corrida, a la ganadería de don Antonio Urquijo.

Situado desde aquel ascenso en la primera fila, mantuvo su crédito firmemente, como corresponde a un torero cerebral, encasillado siempre entre los que han practicado un toreo eficaz y dominador, cuyas normas han prevalecido en todo tiempo para mantener efectiva una personalidad señera.

Confirmó la alternativa en Madrid, también con toros de Urquijo, el 19 de mayo de 1951, actuando Manolo González como maestro de ceremonias y figurando el referido Litri como tercer espada, el cual la había confirmado el día 17.

En el año 1951 tomó parte en 70 corridas, pero después no se prodigó mucho, no sintió el afán de sumar funciones, antes bien, las fue restringiendo bastante, pues habiendo podido mantener la expresada cifra se limitó a torear 49 veces en 1952 (si bien es de advertir que sufrió dos percances en Palma de Mallorca), 34 en 1953, 35 en 1954, 40 en 1955, 37 en 1956 (con una cogida en Barcelona), 43 en 1957, otra tantas en 1958, etc. En este tono se mantuvo siempre, sin perder nunca su jerarquía torera.

Se retiró en el año 1963, pero reapareció en 1965, sin dar señal de haber sufrido merma alguna sus felices disposiciones y sin abandonar su defecto capital. ¿Que no hemos dicho nada de éste? Pues allá va: El Suaviter in modo no reza con él; Aparicio ha toreado siempre con violencia, haciendo una fuerza que resta naturalidad a lo que ejecuta, y este vicio, muy señalado a veces, se lo han tomado en cuenta, si no las masas, los aficionados de fino paladar.

Prolongó sus actuaciones hasta perder interés, y en 1968 solamente toreó 17 corridas. En 1969 no pasó de 8, y dijo que se iba definitivamente.

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