HISTORIA DEL TORERO

JOSÉ LUIS MARTÍN SIMÓN (José Luis Seseña)

Publicado el 22 de abril de 2023
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Matador de toros nacido en Madrid el 31 de marzo de 1963, que comenzó a darse a conocer durante la temporada de 1981, en cuyo 27 de abril se luce en San Martín de la Vega al despachar una res de la vacada de Gabriel García en presencia de sus compañeros Juan Palacios y Paco Villalta y del rejoneador Vicente Magro. No tarda en presentarse, por supuesto en función sin picadores, en el coso de Las Ventas, de Madrid, el día 29 de agosto del mismo año, para dar cuenta de una res de la ganadería de Pilar Martínez Rodríguez, lo que llevó a efecto ante Juan Carlos Arranz, Joaquín Alonso, el citado Paco Villalta, Celestino Ibáñez y Juan Gutiérrez. Ya en corrida de mayor categoría participa en la del 3 de abril de 1983 en Aranjuez, siendo la de su presentación con picadores, donde cortaría las dos orejas de un ejemplar del hierro de Gabriel Hernández García, con Juan de Padua y Francisco García, El Poli, de testigo del éxito. Aún es más completo su triunfo del siguiente 7 de septiembre en Villarrubia de Santiago, al sumar tres trofeos de novillos de la divisa de Leonardo Arroyo, con Luis Miguel Campano de complemento del espectáculo. Otros tres apéndices auditivos se lleva el 5 de junio de 1984 en Noblejas, cuando competía con Luis Milla en la lidia de pupilos de la ganadería de Gabriel García, en un festejo abierto con la actuación del Caballista Fernando San Martín. Se presenta, con plazas montadas, en Madrid el posterior 25 de julio, para enfrentarse, junto a Luis Cancela y Joel Matray, a bureles de la vacada de Manuel Martín Peñato, lo que realizó con el acierto que supone el tener que dar una vuelta al ruedo tras la muerte de cada uno de los astados de su lote. Vuelve a competir con Luis Milla el 2 de septiembre en Ciempozuelos, para que le concedieran tres orejas de novillos del hierro de Molero Hermanos misma cifra de galardones que le entregarían el 15 de septiembre siempre de 1984, en Yepes, de astados de la divisa de Gabriel Hernández, al inaugurar el nuevo coliseo de la mencionada villa toledana, junto a Francisco Mahíllo, Paco Machado, y Juan Rivera. Dos días mas tarde, en Vargas, el triunfo se eleva a cuatro orejas y un rabo de elementos de la ganadería de Gabriel García, siendo el complemento del cartel el repetido Luis Milla. En la feria de Algemesí del año que nos ocupa gana nuevamente tres orejas, ahora de reses de la vacada de Benítez Cubero, delante de Jorge Manrique. Cerró el año con dieciocho novilladas toreadas, la campaña anterior lo hizo con siete y sus reiterados éxitos logran que en 1985 se vista de luces en treinta y cuatro ocasiones. Ello le lleva a tomar la alternativa, la que tiene lugar el 30 de mayo de 1986 en Aranjuez, al cederle el padrino José María Dols, Manzanares, en presencia del testigo José Ortega Cano, la muerte del toro Perdigón, número 1, negro, de 458 kilos de la divisa de Hernández Pía. El novel doctor en Tauromaquia se lució especialmente con el morlaco que abrió plaza –el de la ceremonia–, del que le concedieron una oreja. Se anotó cuatro festejos menores y dos mayores y ha quedado su nombre en lugar propicio para alcanzar un lugar al menos interesante en su escalafón profesional. Interviene en seis corridas en la temporada de 1987. En la campaña de 1988 participa en seis corridas de toros, todas ellas en la Comunidad de Madrid. La primera en Aranjuez, el 6 de marzo, encerrándose con seis toros, cuatro de doña Mercedes Pérez-Tabernero Montalvo, uno de don Germán Gervás Díez y otro de los señores Hermanos Ramajo de Villoria, a los que corta tres orejas, saliendo en hombros del vetusto coso. Con este precedente, en la que es su segunda corrida del año, se presenta en Las Ventas de Madrid, para confirmar su doctorado el 17 de abril. Viste un elegante terno azul marino y oro, un detalle el del vestido que siempre ha cuidado mucho, y hace el paseíllo con José Luis Palomar y Juan Rivera, en una corrida en la que el triunfador tendrá un puesto en la Feria de San Isidro. Anunciado estaban seis ejemplares de don José Escolar Gil, que, excelentemente presentados, resultaron poco manejables y más en tarde de tanta responsabilidad, que además se complicó enormemente. José Luis Palomar, espada más antiguo, le cedió la muerte del toro Fanfarrón, marcado con el número 43, cárdeno de pinta y de 634 kilos. Después de la protocolaria ceremonia, José Luis Brindó la faena a Palomo Linares y su esposa, pero no puede, al rajarse Fanfarrón, mantener el buen tono del comienzo hasta el final de la faena, quedando reducido el premio a una ovación porque, también hay que decirlo, mató de una estocada atravesada. Después de despachar el segundo de la tarde, José Luis Palomar, que ha sido aparatosamente volteado, tiene que pasar a la enfermería. Juan Rivera, en el tercero, es corneado. El percance parece más grave de lo que luego fue, pero lo cierto es que de nuevo tiene que intervenir el doctor García Padrón, y José Luis Seseña, solo en el ruedo, tiene que rematar el tercero. Con el cuarto no es posible la quietud. El toro, menos poderoso que los anteriores, se defiende, no deja de tirar cornadas y en una inteligente y toea faena de aliño termina José Luis con él, ante el respetuoso silencio de los aficionados. Se corre turno y se lidia en quinto lugar el sexto, que le corresponde, ya que parece que Palomar podrá salir a matar el suyo, como así fue. No tiene suerte el madrileño y este otro ejemplar se distingue de sus hermanos por su más acusado sentido y en la muleta se muestra muy peligroso. De nuevo hace lo que corresponde, machetearlo, y las palmas que debían premiar su labor de lidiador no se oyen por el deficiente uso de la espada. No triunfó ninguno y el premio del puesto en San Isidro quedó desierto, aunque a los tres se les anuncia por su entrega el 29 de mayo, en la decimoséptima corrida del abono, con toros de la divisa portuguesa de don Joaquín Manuel Murteira Grave. Algo más que valiente se muestra José Luis con sus dos toros, dispuesto –incluso saliéndose de su línea habitual de toreo—a triunfar a toda costa. Comenzó de rodillas su primera faena, pero pronto quedó olvidado al engarzar una serie de pases adelantando la muleta, llevando muy toreado al astado, bajando mucho la mano, rematando muy bien cada uno de ellos, por lo que con un leve giro quedaba de nuevo preparado para el siguiente. Toreo puro y auténtico, el que siempre le vi hacer, el de su faena que remató bien con la espada, pero que no llegó al público. Parecida fue la faena al segundo, que esta vez se premió con la vuelta al ruedo. Volvió dos tardes más a Madrid, en junio y agosto, pero no llegó el apetecido triunfo que pueda hacer valer en los despachos. Terminó la temporada en Parla, el 12 de septiembre. Solamente se viste de luces en una ocasión, en Aranjuez, el 25 de marzo, con la mala fortuna de ver cómo vuelve vivo a los corrales su primer toro, del hierro de los señores Hermanos Ramajo de Villoria. Tampoco consigue una temporada abundante en contratos en 1990. Dos tardes en Madrid, ambas en verano, pero una sola vuelta al ruedo es poco aval para la contratación de otras tardes en fechas en las que ya están cerradas la mayoría de las ferias. Intenta, un año más, enderezar una trayectoria que está excesivamente complicada toreando el 3 de marzo su primera corrida en Madrid, pero el triunfo que necesita no llega, quedando parado hasta el 18 de agosto, fecha en la que de nuevo hace el paseíllo en Las Ventas. Nadie duda de su oficio ni de su pureza al torear, pero ese triunfo que persigue se esconde y le hace un guiño que no presagia un porvenir desahogado. Solo torea una tarde más en Valdemoro, en septiembre, en una temporada que poco tiene que comentar. Parece cambiar su suerte en 1992, año que suma once corridas de toros, la mayoría en localidades poco importantes, si se exceptúan dos nuevos paseíllos en Las Ventas. En la última, en Parla, es herido por Granuja, de la divisa de Cabrero González, lidiado en primer lugar, quedando inédito, ya que no pudo matar ningún astado. Fue una rúbrica desagradable de una temporada en la que ha cortado dieciséis orejas y dos rabos, lástima que ninguna fuese en la capital. Monótona resulta ya la descripción de las temporadas de este buen torero, que no logra salir del entorno madrileño y que de nuevo en Madrid, este año una sola tarde, solamente consigue saludar cuando acaba con sus dos toros de don José Escolar Gil, el segundo de los cuales le hiere levemente. En Aranjuez, Seseña y Parla sale en hombros, pero definitivamente su carrera no se endereza, lo que a los que le conocemos nos apena porque esperamos en cada actuación en Madrid que sea esa la tarde de su impulso definitivo. Ya no volverá a participar en corridas de toros. Su última tarde en calidad de tal ha sido la citada de Parla, el 13 de septiembre, ya que en 1994 debuta como banderillero, el 8 de febrero, con el novillero Miguel Martín. Poco después se coloca con el veterano Palomo Linares y con él debuta en Cehegín (Murcia), el 27 de febrero. En su plaza de Madrid, con la cuadrilla de Palomo torea por vez primera en su nueva categoría el 25 de mayo de 1994. Durante la temporada de 1995 alternó actuaciones con Palomo Linares y José Tomás. Toreó suerto en 1996 y se colocó con Curro Vázquez en 1997. En 1998 ingresó en las filas de Julio Aparicio, toreó con Miguel Palomo en 1999 y con Javier Vázquez en 2001. Desde entonces hasta el final de su vida profesional toreó suerto. La de 2005 fue su última temporada en activo que toreó, entre otros, con Rodolfo Núñez. Ha apoderado a Miguel Martín, Luis Antonio Oliveira, José Manuel PrietoJosé Montes. Ayuda al novillero Sebastián Palomo y organiza espectáculos taurinos en varios pueblos de la provincia de Toledo.

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