HISTORIA DEL TORERO

EDUARDO ROMÁN LUCERO (Román Lucero)

Publicado el 24 de noviembre de 2023
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Matador de toros nacido en Vadillo de la Guareña (Zamora) el 8 de enero de 1956. En sus primeras actuaciones utilizó el apodo de Niño de La Guareña, el que poco más tarde sustituyó por el nombre artístico de Eduardo Lucero. Alumno de la Escuela Nacional de Tauromaquia, su actividad en los ruedos ha sido, hasta el momento bien reducida. El 18 de junio de 1978 actuó acertadamente en San Antonio (Segovia) con una res de José Luis Mayoral, en presencia de Manolo Antúnez y Ángela Hernández. Le concedieron los máximos trofeos de cada uno de los astados de la ganadería de Salustino Galache que formaron su lote en su primera corrida con picadores celebrada el 11 de septiembre de 1979 en la localidad madrileña de Villa del Prado, con Mario Arévalo, Triana, de compañero de cartel. Solo se lidiaron cuatro novillos. Con tres actuaciones en novilladas con picadores cerró el año, que ascendieron en una unidad en 1980, incluida la de su presentación en el coso madrileño de Las Ventas, el 30 de marzo, donde alternó con Felipe González y Antonio Amores en la lidia de un encierro de la divisa de Bernardino Jiménez, sin que su quehacer alcanzara cotas descollantes. Por el contrario, fue primorosa su labor con el novillo Lanzador, de la ganadería de David Ruiz Yagüe, cuando volvió al ruedo madrileño el 5 de julio de 1081, hazaña que presenciaron Enrique González, El Baya, y  Lucio Sandín. Pisa una vez más el albero del coliseo madrileño el 12 de julio de 1982, para enfrentarse a ejemplares del ya citado Bernardino Jiménez y ante José Maguilla, Gallo de Morón, y Nicasio Pérez, Cesterito, y no defraudó a sus partidarios, pese a fallar con la Tizona en su segundo enemigo, en el que escucharía un aviso de la presidencia. Participó en cuatro funciones en 1982, y dobló tal número en la siguiente temporada y alcanzó la cifra de catorce en 1984, campaña en que abundaron los resultados favorables, como el del 24 de junio en Éibar, donde le entregaron tres orejas de astados de la divisa de La Fresneda, delante de Miguel Cubero y Jaime Rocca.

Igual número de galardones se lleva el 29 de julio en Collado Villalva, de pupilos del hierro de La Guadamilla. Dos orejas y un rabo se trajo el 5 de agosto de Soto del real de bureles de la ganadería de Antonio Ballesteros, e idénticos galardones, y con novillos de la vacada últimamente mencionada, ganó el 2 de septiembre en Montilla del Palancar. Todavía cabe mencionar otra tarde feliz en esta campaña de 1984, la del 20 de septiembre, al serle concedidas cuatro orejas y un rabo de reses de la divisa de Martínez Lardero en Honrubia. El 19 de mayo de 1985, en El Molar, es herido de consideración en el muslo derecho por un morlaco del hierro de La Fresneda en presencia de  Fredy Villafuerte, después de haber desorejado por partida doble a su primer oponente. No pasaron de tres sus ajustes en este año, cifra que repite en el siguiente. Se encuentra, por tanto, en un bache del que debería salir rápidamente. En 1987 tampoco parece ser esta la campaña en la que salga de ese bache en el que allí se aludía. Participa en siete novilladas en plazas de tercera y cuarta categorías, a excepción de su comparecencia en Madrid, el 6 de septiembre, tarde en la que alterna con Roberto Serrano y Juan Cuéllar en la lidia de seis novillos del señor marqués de Albaserrada, en la que puso más voluntad que acierto. No torea de novillero en 1988 y el 15 de julio, en Bolaños de Calatrava (Ciudad Real), Marcos Valverde, en presencia de Pedro Lara, le concede la alternativa. Le cede la muerte del primer toro de la tarde, del hierro de don Ramón Flores Sánchez y Hermanos, herrado con el número 21, era negro de capa y de 420 kilos. Vestía Román de negro y oro y cortó una oreja de cada toro, pero no volvió a vestirse de luces en lo que quedaba de año. No es mejor su temporada de 1990, ya que solo pisa los ruedos, al menos vestido de seda y oro, en una ocasión, el 27 de agosto, en la localidad de Toro, y todavía es peor la de 1990, en la que no hace ni un paseíllo en calidad de espada de alternativa. No mejora el panorama para nuestro torero en 1991, y tampoco logra superar la cota de una corrida, esta vez, el 28 de agosto, en Inca (Baleares). Sin embargo, en 1992, el 16 de agosto logra su deseo de confirmar la alternativa en Madrid. Es padrino de la ceremonia el madrileño Fernando Galindo, quien le cede la muerte del primer astado de la tarde, del hierro de Diego Garrido, que responde al nombre de Guion, está marcado con el número 9, es negro de capa y pesa 583 kilos. Presencia la ceremonia su compañero Juan Carlos Vera. En segundo lugar mata un toro de Valverde, hierro titular del que se lidiaron cinco ejemplares. Llegó a Madrid sustituyendo a José Lara, que había sido lesionado por un toro cuando se preparaba para esta corrida.

Destacó su actuación, pues aunque el maso que le correspondió en primer lugar fue manejable y el sexto, como sus hermanos, fue manso, duro y correoso, en ambos estuvo sin dudas, sin aspavientos, muleteando incluso relajado y compuesto en el de Garrido, y derrochando arrojo en el difícil de Valverde. No estuvo mal con la espada y  dio dos merecidas vueltas al ruedo, que le granjearon la repetición del día 30 del mismo mes, en la que volvió a triunfar, y ratificó que no había sido una casualidad su actuación anterior. mató un toro de don Julio A. de la Puerta y Castro y otro, al que cortó una oreja, de la divisa portuguesa de don Luis Jorge Ortigäo Costa. Le acompañaron Pedro Lara y Jerónimo y creo que se ganó otra repetición, pero esta no llegaría en 1992. Con esos dos festejos y otros dos festivales, en Colmenar de Oreja y Alcalá meco, acaba la temporada viajando a  América, continente en el que tiene apalabrados algunos contratos en México. Aunque no suma demasiados ajustes en 1993, en comparación con temporadas anteriores el número es elevado. No comienza bien en su primera corrida. El 7 de abril, en Miraflores de la Sierra, un toro de don Alipio Pérez-Tabernero Martín le infiriere una cornada en el muslo derecho, de veinte centímetros de extensión, pero que por suerte fue limpia y no afectó a ninguna vena o arteria. Luego torearía cuatro corridas más. Dos en plazas de poca importancia, de cara a las repercusiones que tiene el cortar orejas en ellas, y dos en Madrid, en las que no repite el éxito de la temporada anterior. En temporadas sucesivas no logró salir de la zona discreta del escalafón, y actúa en contadas ocasiones.

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