HISTORIA DEL TORERO

DIEGO PUERTA DIANE

Publicado el 11 de marzo de 2022
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Quien con todo se achica, por duda y ante todo se encoge, no espere que el mundo sea favorable a sus empresas, pues las de la vida requieren, juntamente, razón que mantener y brío para defenderla.

Y con tal brío defiende Diego Puerta su razón; tanta es su valentía y tanta su vergüenza profesional; es tan alegre su toreo, sin concesiones al mal gusto; tantas son las las victorias que obtiene, que bien se le puede considerar como uno de los valores más positivos del toreo contemporáneo.

Muchas son las dotes que le adornan; pero éstas suben de punto, crecen en mérito, si tenemos en cuenta lo muy castigado que ha sido por los toros, cornadas que, más que afligirle, no parece sino que le presten mayores alientos. La entrega gozosa que hace de su arte cuantas veces viste el traje de luces es verdaderamente ejemplar.

Nació en Sevilla el 28 de mayo de 1941 y su arte tiene toda la gracia y todo el salero que son privativos de la ciudad del Betis; se presentó en Madrid como novillero el 29 de mayo de 1958, con Miguelín y Emilio Redondo, para matar reses de Sánchez Fabrés, y cuando en tal año llevaba toreadas 56 funciones, el 29 de septiembre, tomó la alternativa en su ciudad natal de manos de Luis Miguel Dominguín, al cederle éste el toro Zamborero, de la ganadería de Arellano, figurando Gregorio Sánchez como segundo matador.

No pudo confirmar su alternativa en 1959 a causa de las frecuentes cogidas que sufrió, las cuales tampoco le permitieron torear en tal año más de 28 corridas.

Cuando la confirmó fue el 20 de mayo de 1960, apadrinado por Manolo González, con toros de don Bernabé Fernández y en presencia de Chamaco.

Aunque herido de gravedad en Tudela el día 26 de julio, toreó 71 corridas en aquella temporada; en la de 1961 tomó parte en 73, y aún hubiera sumado algunas más sin la cogida que sufrió en San Sebastián el día 14 de agosto; pero no daremos detallada cuenta de las veces que le han herido los toros, por no hacer monótona la relación. Bastará decir que, con todo y con eso, toreó en 1962 la elevada cifra de 79 corridas; en 1963, 53; en 1964, 61; en 1965, 62; en 1966, 71, en 1967, 69; en 1968, 72, y en 1969 no pasó del medio centenar a causa de los percances sufridos.

Diego Puerta es, en suma, una amalgama de valor, alegría, arte y deseos de complacer, y por eso se le rinden los públicos en absoluto. Por eso, y porque, aunque con defectos artísticos, se nos muestra siempre rebosante de emotiva vibración, una vibración que le presta resplandeciente personalidad.

A pesar de la hipoteca que ha gravado los bienes que adquirió (sus cogidas) nunca ha pasado por alto la responsabilidad en que incurre ante los públicos que lo elevaron al alto puesto que ocupa.

Se retiró de los ruedos en Sevilla el 12 de octubre de 1974, en un festejo que toreó mano a mano con Paco Camino. Puerta cortó dos orejas al último toro de la tarde y de su carrera, de la ganadería de Carlos Urquijo.

De él escribió el crítico César Jalón Clarito: “Puerta — Puertita— sume su alegre pinturería en un cráter volcánico. Su toreo, al rojo, eleva y realza su breve estatura.

No existe en los anales de la torería de altura rastro ni huella de valiente semejante… pero no todo su arte se derrama en la pelea. Pues sabe de templar y llevar despacio a los toros boyantes en el capote y en la muleta”.

Retirado de los ruedos, se dedicó a su ganadería y a los negocios agrícolas. También fue, en la década de 1980, empresario taurino de la plaza de Castellón.

El torero falleció la madrugada del 30 de noviembre de 2011 en su residencia del municipio sevillano de Camas (España) a causa de un fallo multiorgánico producto de percances de su carrera y enfermedades que había padecido con anterioridad.

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